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24 de agosto de 2021

Ángel Vivas Arias. Un incesante viajero que al final descubre el enigma*

 

Ángel Vivas Arias
(Maracay, Venezuela, 1949 - París, Francia, 1986)
Fotografía: Carlos Germán Rojas

Cuando Ángel Vivas Arias comenzó a pintar, en 1972, no había recibido instrucción plástica alguna. Podría decirse, sin embargo, que su dedicada afición al cultivo de plantas ornamentales exóticas 
y su especial gusto por la naturaleza, habían perfilado en él, tempranamente, un particular sentido estético. La concepción de una belleza elemental —y de una expresión innata— asociada a las formas naturales, será el resultado de esta estrecha vinculación del artista con plantas, flores y animales, y será también una de las vías poéticas que toma su trabajo posterior.

La otra vía surge igualmente en esta época y se relaciona con un sentimiento místico. Para el momento de su primer viaje a Europa (1972) y durante sus estadías en el norte de África y en España, Vivas Arias se hallaba inmerso en una búsqueda existencial de índole pseudo-religiosa. Caminaba y peregrinaba vestido con una larga túnica blanca, y tenía la típica actitud soñadora, confusa y dispersa de algunos jóvenes de los años '60 y comienzos de los '70. Estas preocupaciones espirituales juveniles madurarán y se irán profundizando y definiendo posteriormente, convirtiéndose en aspectos notables de su trabajo plástico.

En Ángel Vivas Arias misticismo y naturaleza conformarán un todo existencial y estético. El arte y la vida serán en él una unidad indisoluble: la única vía legítima para el tránsito verdadero y profundo de toda su creación.

Hombres de maíz

Sus primeras obras fueron agrupadas bajo el título Hombres de maíz (1973-1975). Hay en ellas frescura, encanto y una marcada ingenuidad, no sólo en las formas, los colores vivos, la línea sinuosa del dibujo, o la iconografía casi escolar; sino en su planteamiento forzadamente latinoamericanista. Vivas Arias se había inspirado en el Popol Vuh y en la obra de Miguel Ángel Asturias para pintarlas, pero no es ese telurismo lo que percibimos en ellas. En cuadros como Pasado y presente en el futuro de América (1976), o Sin título (1975) más que un llamado a la reflexión sobre un sustrato cultural común, hay una especie de gozo por la forma libre, por la iconografía novedosa en la que líneas, grafismos, formas, colores y espacios parecen haber sido pintados siguiendo el ritmo lento y ondulante de la germinación y el desarrollo vegetales.

Pasado y presente en el futuro de América, 1976
Col. FMN-GAN

Antes de crear sus Hombres de maíz el artista había producido algunos trabajos donde aún podía percibirse la confusión conceptual y la poca destreza técnica propias de su formación autodidacta. En las obras de este predominan los símbolos demasiado directos, pero surgen algunos temas que serán desarrollados más tarde, como el espantapájaros, las plantas, las alusiones a Van Gogh, y el maíz. Resalta en esta etapa el cuadro Los cuatro árboles más fuertes (1973), en el que se representan cuatro árboles vivamente coloridos que simbolizan a cuatro hermanos del artista prematuramente desaparecidos. Los cálidos contrastes, la linealidad límpida de la composición, y la sencilla armonía de sus elementos, contribuyen a que esta obra destaque entre la producción de esta etapa inicial.

Pinturas Clorofílicas y Antifotografías Proyectables

Ángel Vivas Arias fue un viajero inquieto e incansable. Visitó asiduamente países de Europa, África y América hasta establecerse definitivamente en París en 1977, lo que no lo hace abandonar sus constantes viajes. El año 1977 será particularmente fructífero para su producción. En sus obras, el acercamiento estético a la naturaleza se profundiza a través de una indagación en sus atributos.

La indagación de Ángel Vivas Arias no es una experimentación racional, positiva y segura, sino una búsqueda intuitiva, plena de ensayos, de retrocesos, de desaciertos: una degustación íntima de la forma y de la materia; un gusto que se va forjando en la paciente relación entre la subjetividad del artista y la forma. El primer paso de esta búsqueda son las llamadas Pinturas Clorofílicas, en las que un motivo natural, una hoja, es abstraído como patrón para crear composiciones muy decorativas. Los ritmos caprichosos y los colores sugestivos —rosas, violetas, naranjas, aguamarinas— subrayan el alejamiento de la realidad natural y, a la vez, la plasticidad y belleza de la forma natural en sí misma, como puede observarse en Todo lo que se hizo en la cumbre fue elevarse a la hojarasca (1977).

Todo lo que se hizo en la cumbre fue elevarse a la hojarasca, 1977

Pero será en las Antifotografías Proyectables donde Vivas Arias penetre con mayor audacia en la callada belleza de la naturaleza a través de la experimentación con nuevos medios. Para ello, utilizaba hojas, pétalos, pequeñas flores secas, fibras, membranas y hasta plasma sanguíneo, y los colocaba dentro de diapositivas. Luego fotografiaba las imágenes proyectadas, quizás buscando revelar una recóndita perfección. Refiriéndose a estas piezas el artista dirá: «[Las] ‹Antifotografías Proyectables› nacen de mis necesidades de expresión espiritual: Crear imágenes a partir del estado primario de la naturaleza. Y en este caso yo serví como un medio para demostrar eso que estaba allí escondido como la calidad cromática, el volumen, la textura de la membrana de una cebolla. Aunque parezca sin valor, sus composiciones y perfección son insuperables de alcanzar por el más diestro de los hiperrealistas.»[1]

Flor y hoja sometida a la luz y fotografiadas en el momento de su proyección o Plasma sanguíneo sometido a la luz, su parecido se acerca al cosmos, son entonces líneas delicadas, transparencias, sombras, arcos, o ángulos abruptos, ásperos contrastes, en los que el artista vuelve a sentir, como cuando cultivaba sensuales orquídeas, que «la obra más grande es la naturaleza».

Antifotografía proyectable

Credo del pez sobre la cabeza

En esta etapa Vivas Arias comienza a realizar un tipo de pinturas con temas acuáticos, donde los peces surgen como formas fundamentales. El artista seguirá trabajando recurrentemente esta figura durante los años siguientes. El pez es tratado en un contexto lúdico, absurdo o irónico, que de algún modo rememora las propuestas surrealistas. Algunas obras, como La persecución del gatillo (1977) o A continuación del pez (1977) tienen una factura que recuerda el desenfado de los dibujos infantiles.

En el Credo que publicó ese mismo año, titulado Credo del pez sobre la cabeza, Vivas Arias introduce alusiones al pez en las que se lo relaciona con los contenidos libres del inconsciente, que el hombre debe rescatar:

«Creo que junto con los peces nos encontraremos en el juicio final [...]

Creo que seguiré con el pez sobre la cabeza [...]

Creo en ti oh! Agua, cúbreme el cuerpo de oropeles para que la cabeza dentro de la caja de Madera — deje su pez respirar»[2].

Simbolritmos

Paralelamente a estas manifestaciones Vivas Arias trabaja en la creación de unos dibujos-escrituras a los que llamó Simbolritmos. No es de extrañar que de una poética sustentada en un misticismo de la naturaleza surgiera una actitud que intentara abordar los mecanismos estéticos y espirituales esenciales a la naturaleza humana. Para el artista esta naturaleza podía ser revelada en tanto el hombre fuese capaz de liberarse de las grandes trabas socio-culturales que oprimen su espíritu, se deshiciera de los prejuicios y, en general, del sentir y del existir alienados. De allí que dirigiera —siempre intuitivamente— toda su energía creadora a la liberación de la fuerza inconsciente, al rescate de lo primitivo. En este sentido, su poética se emparentaba con el surrealismo —«Creo en la vida eterna del surrealismo», escribiría en su Credo personal—, el dadaísmo, CoBrA, el Art Brut, y con las tendencias neo-surrealistas y neo-dadaístas del arte contemporáneo.

Simbolritmo, 1980
En los Simbolritmos la emancipación de los contenidos inconscientes se vale de una técnica surrealista: la escritura automática, que en este caso se apoyaba en el rescate reminiscente de los jeroglíficos egipcios y prehispánicos y de los petroglifos venezolanos como formas plásticas plenas de significación. Los Simbolritmos eran, literalmente, símbolos rítmicos, surgidos en el desenvolvimiento de la grafía libre, automática, sinuosa como el desarrollo libre y natural de una planta. Pero esta libre conformación del signo iba más allá del mero grafismo, quería ser la expresión visual, escrita, gráfica, de un objeto, una idea, un sentimiento, unidos significativamente en una correspondencia de forma y de contenido, donde éste diera sus características a la forma, convirtiéndola, en sí misma, en objeto, idea, sentimiento. Para el artista, éstos creaban «un lenguaje personal y que parece el alfabeto de la naturaleza, del cosmos, del hombre… un mensaje indescriptible de la naturaleza humana que me reconcilia con mis orígenes»[3]. El fundamento significativo de todo signo es, en los Simbolritmos, una propiedad dinámica, una realidad evolutiva temporal y espacialmente. Tal vez no sería aventurado recordar aquí la metafísica de Bergson, para quien la realidad era un ente continuo, dinámico, en permanente duración, al cual sólo se accedía real y profundamente por vía de la intuición.

Simbolritmo, hacia 1981

Por otra parte, los Simbolritmos constituyen en conjunto verdaderos poemas visuales, en los que símbolo, grafía, forma, línea, originan un sinfín de imágenes y connotaciones.

Objetos encontrados

Cercanos a los Simbolritmos se hallan los Objetos encontrados. Como aquéllos, éstos se emparentan con el dadaísmo y el surrealismo a través de la noción de objet trouvé y de la búsqueda de las motivaciones inconscientes producidas por el azar y la libre asociación: «El objet trouvé se convierte en algo encontrado y cambiado por casualidad, en una elección promovida por estructuras psíquicas impulsoras de vivencias. ¡La conciencia vivencia! desatada se orienta a una ampliación relativa de la conciencia, y el núcleo vivencial se sitúa en el encuentro espontáneo y casual de las cosas [...] implica una aproximación a la realidad y a la vida vivencial».[4] Ciertamente, los objetos encontrados de Vivas Arias resultaban del hallazgo azaroso de un objeto que por su forma, su función o su historia posible, activaba toda una serie de mecanismos inconscientes —libres asociaciones, memorias, fantasías— en el artista y, posteriormente, en el espectador. Un objeto cualquiera olvidado o perdido en una calle, en una vieja casa, o en un mercado de curiosidades, llamaba la atención del artista que, entonces, lo encontraba. El objeto era separado de su contexto habitual y recodificado, redimensionado en su significación estética. Pero estos encuentros azarosos, en el caso de Ángel Vivas Arias, se relacionaban, además, con la existencia de una sensibilidad estética particular, de un gusto especial que hacía posible la atracción y por ende, el encuentro. El artista prefería objetos antiguos, artesanales, como hormas de zapatos, de sombreros, baúles, libros viejos, maletas, zapatos de niño, instrumentos musicales, zapatillas de ballet, muñecas viejas, entre otros.


En uno de sus ensayos, Susan Sontag trató de definir un tipo de sensibilidad, de gusto, cercano al que intuimos en estas escogencias de Vivas Arias, y que se conoce como lo Camp: «es la sensibilidad —inconfundiblemente moderna, una variante de la sofisticación, pero difícilmente identificable con ésta— que atiende por el culto nombre de camp».[5]


Del extenso ensayo de Sontag hemos extraído aquellos puntos en los que creemos ver una relación con el gusto que subyace en los Objetos encontrados:

«El gusto camp tiene preferencia por determinadas artes. Vestidos, mobiliario, todos los elementos de la decoración visual, por ejemplo, constituyen buena parte de lo camp. […] En lo camp ingenuo, o puro, el elemento esencial es la seriedad, una seriedad que fracasa. Desde luego, no toda seriedad que fracasa puede ser reivindicada como camp. Sólo aquélla que contiene la mezcla adecuada de lo exagerado, lo fantástico, lo apasionado y lo ingenuo. […] El sello de lo camp es el espíritu de la extravagancia. […] [Muchos] objetos apreciados por el gusto camp están pasados de moda, fuera de época, demodé. Y no se trata de amor a lo viejo como tal. Se trata, simplemente, de que el proceso de envejecimiento o deterioro proporciona la distancia necesaria, o despierta la necesaria simpatía [...] Otro efecto: el tiempo reduce el ámbito de la banalidad. (La banalidad es siempre, en sentido estricto, una categoría de la contemporaneidad.) Lo que fue banal puede, con el paso del tiempo, llegar a ser fantástico. […] El gusto camp vuelve la espalda al eje bueno-malo del juicio estético corriente. El camp no invierte las cosas. No sostiene que lo bueno es malo, o que lo malo es bueno. Se limita a ofrecer un conjunto de normas para el arte (y la vida), diferente, complementario. […] Lo único importante en lo camp es destronar lo serio. Lo camp es lúdico, antiserio. Más precisamente, lo camp implica una nueva, más compleja, relación con lo serio. Es posible ser serio respecto de lo frívolo y frívolo respecto de lo serio. […] El gusto camp es, sobretodo, un modo de deleitarse, de apreciar; no de enjuiciar. Lo camp es generoso. Quiere deleitar. Sólo aparentemente es malicioso, cínico. […] El gusto camp es una especie de amor, amor a la naturaleza humana. [...] El gusto camp se identifica con lo que deleita. Las personas que comparten esta sensibilidad no ríen ante las cosas que etiquetan corno camp; simplemente, se deleitan. Lo camp es un sentimiento tierno»[6].

Podríamos preguntarnos si entre la búsqueda de lo inconsciente como naturaleza y el esteticismo artificioso del camp, no existe una contradicción insalvable. Y es justamente en el último punto citado donde, quizás, hallemos una solución, un punto de unión: el deleite, la praxis del gusto. ¿Habría que recordar que «toda respuesta humana libre» está gobernada por el gusto, que el gusto es esa afinidad de una subjetividad con algunas cosas, ideas, sentimientos, esa «misteriosa atracción» donde la razón no tiene beligerancia, donde nuestra más recóndita naturaleza se descubre?

En la obra Sin título (1984) el sentido esteticista propio de lo camp, se pone en evidencia: este objeto encontrado es una antigua horma de madera, hallada casualmente por el artista quien, emulando a Duchamp, la firma, La pieza, que es un ready-made y no ha sido intervenida, se convierte por este acto en un objeto de arte. Lo extravagante, lo ingenuo, lo lúdico, así como la indiferencia a los parámetros del juicio estético común, son elementos que resaltan en este objeto. Otros objetos, como Cabeza de madera (1977) (Colección Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber), están intervenidos por el artista, quien dibujó sobre ellos curiosas formas y símbolos de su grafía personal. En Mi vida religiosa (s/f) el artista ensambló objetos diversos y disímiles con el propósito de crear una especie de metáfora visual, donde destaca el aspecto humorístico e irreverente.

Horma de zapato de madera y metal, hacia 1984

Cabeza de madera, 1977
Col. FMN-MACC

En ocasiones, Vivas Arias trabajó creando series temáticas de objetos, lo que le permitía introducirse en los diversos aspectos de su significación. Tal es el caso de las maletas y los libros: «Los maletas han representado para mí una fijación que me ha dado muchas posibilidades [...] Este objeto-símbolo tiene muchos orígenes. Es un medio de cambio geográfico, representa el viaje o también la transformación de la vida. Lo utilizo como un medio expresivo de mi vida que es un viaje momentáneo a la Tierra».[7]

El inglés sin esfuerzo, hacia 1978
Col. Museo de Arte Contemporáneo de Maracay Mario Abreu

En otra oportunidad el artista señaló: «Los libros, algunos encontrados y otros descubiertos al azar, se plantearon ante mis ojos como un elemento reciclable, localizable en un fondo de diferenciaciones del concepto que los sostiene. He insistido en la liberación de sus formas, donde se deshagan de una posición arbitraria de olvido en el silencio de las bibliotecas [...] Y mi intención no sólo se reduce a sacarlos de allí sino a darles un sentido útil, una connotación que acerque el libro al hombre en una forma simbólica y representado en caracteres escultóricos y tridimensionales que resalten en él una lectura imposible en la manipulación que sufrió anteriormente».[8]

Libro en simbolritmo desplegable.
Performances y pictodramas en París de 1978 a 1983
, 1983
Col. FMN-GAN

Intervenciones gestuales

Ángel Vivas Arias realiza su primera Intervención Gestual en 1978 y seguirá efectuando estos actos en años posteriores. Este trabajo tiene varias etapas que abarcan también los llamados actos decadentes y desesperados, y los pictodramas, eventos que compartían aspectos comunes y recurrentes.

En sus intervenciones gestuales el artista buscaba expresar la dimensión plástica de su cuerpo, quería convertir su cuerpo en un medio expresivo fundamental: hablaba, cantaba, danzaba, recitaba poemas, hacía mímica, interactuaba con objetos encontrados, con pinturas, dibujos y simbolritmos, o proyectaba sus antifotografías proyectables sobre su propio cuerpo, todo esto hecho sin planificación previa. «Apartemos la palabra ‹performance› —dirá—, para llamarla ‹intervención gestual›. Yo me desarrollo y busco varias situaciones. Romper la barrera entre el público-creador y desprenderme de la carga de energía que poseo, que es mucha. Nosotros vivimos en una sociedad de ‹culos sentados›, de medios alienantes, sociedad donde el hombre sólo piensa en el prestigio y el confort. Hay que sacudir esas mentes y hacerlas sentir como uno».[9]

El artista realizando una Intervención gestual en la Cátedra de Artes Plásticas
de la Universidad de Vincennes, París

Intervención gestual realizada en la
Galería de Arte Nacional, Caracas

Intervención gestual

Los Actos decadentes y desesperados eran performances fotografiables en los que el artista experimentaba con diversos materiales, produciendo sonidos, gestos, posturas, asociados a la estética kitsch y a lo decadente.

Los Pictodramas, que comienza a realizar en 1982, son especies de cuadros vivos, en los que Vivas Arias utilizaba el propio cuerpo como medio de expresión plástica valiéndose, además, del teatro, la danza, la música y la poesía, para crear un todo significante y expresivo: «Cuando yo bailo […] no coloco en mis búsquedas el concepto de teatro tradicional en sus diferentes escuelas o tendencias. En vez de teatro hago pintura viviente que parece teatro sin serlo. Según mis símbolos y metodologías y con mi formación autodidacta, me siento motivado a producir un lenguaje cónsono con mis necesidades de expresión. […] Lo que yo produzco en ese momento nace del lenguaje de la pintura en sí, gestos que realizaba cuando yo pintaba»[10].  Estos Pictodramas en su heterogeneidad, recurren a otros medios ideados por el artista, como los Poemas sonoros, por ejemplo, que muchas veces sirven de texto a los pictodramas. Los poemas sonoros se producían cuando el artista recitaba textos en diversos idiomas reales y ficticios. Este proceso lo llevaba a un clímax expresivo sonoro y gestual.

Pictodrama

El museo pictodramático de Ángel Vivas Arias
Salón Arturo Michelena, Valencia, 1982

En el pictodrama Autorretrato (1983), por ejemplo, el artista apareció detrás de un marco emulando a Dorian Gray, tras nueve minutos, arrojó una bocanada sangrienta que manchó su blanca vestimenta. En ese momento comenzó a recitar y a cantar diez textos pictodramáticos escritos en griego y latín. Posteriormente se convirtió en un marchand de arte y realizó autorretratos en vivo con los artistas participantes en el evento. Los autorretratos surgieron cuando los personajes, con gestos y poses de retratados, se colocaron detrás de un marco. Por último, el artista se integró a una tela blanca, mediante una mímica que aludía a las integraciones plásticas y poéticas entre gesto y pintura.

Pictodrama Autorretrato
Espacio alterno de la Galería de Arte Nacional, Caracas, 1983

La realización de un acto artístico y expresivo total, que involucrara —como en la vida misma— al cuerpo y la psique, era la base poética de estas manifestaciones. Cada elemento, cada palabra, cada movimiento, se convertía en forma significativa, unidad de un ritual personal que parecía interrogar al cuerpo, al inconsciente, a los objetos, sobre los enigmas fundamentales de la existencia.

Pictodrama

Pinturas frescas

Durante 1984 y 1985 su actividad pictórica se incrementa considerablemente. Sin dejar de realizar otras actividades creativas, crea en 1984, las llamadas Pinturas frescas  cargadas de una fantasía casi infantil. Colores vivos, estridentes, formas simples y planas, figuras que parecieran haber salido de algún cuento para niños —saltimbanquis, sirenas, mujeres encantadas— pueblan estas obras. El autorretrato, tema recurrente a lo largo de toda la obra de Ángel Vivas Arias, aparece con más profusión en esta etapa.

El escrito, 1985
Col. Museo de Arte Contemporáneo de Maracay Mario Abreu

Esta insistencia, en un artista para quien el arte y la vida ocupaban un mismo estamento, es razonable. ¿No es acaso el autorretrato otra manera de indagar, a través del cuerpo mismo —como en las intervenciones gestuales— en ese enigma que conlleva toda existencia? Una de los programas del trabajo de Ángel Vivas Arias, entendido como conjunto, era la creación de una especie de antología personal, un muestrario de su propia vida, como vida en los objetos, en la naturaleza: «Yo trabajo en una Antología Personal sobre mi vida, trato de codificar y archivar todo lo que hasta ahora me ha rodeado, como intentando crearme un museo personal, aunque yo no hago obras específicas para museos, busco el valor humanístico de las cosas [...] Pienso convertirme en el ejemplo del hombre-arte, escultura viviente con movimientos astrales, siderales. Pienso optar como única filosofía de sobrevivencia espiritual el Arte. ¿No existe en mí otra función más importante que la creación ensayo de evolucionar el perfeccionismo del alma»?[11]

La obra de Ángel Vivas Arias es múltiple, compleja y heterogénea, aunque coherente en su anunciado sentido poético. En las distintas manifestacions que abordó de 1978 a 1986 que incluyen intervenciones gestuales, pinturas, dibujos, ensamblajes y objetos— llevó a cabo una incesante búsqueda de lo trascendente, con un sentido místico para el que naturaleza, hombre, arte y vida eran partes de una misma verdad. Esta antología personal Antología del Desarraigoes también la recreación de una errancia, de una búsqueda vital a través del arte, de un camino que trazó este viajero para quien el enigma quizás ya ha sido revelado.



[1] VIVAS ARIAS, Ángel: «Ángel Vivas Arias entrevista a Ángel Vivas Arias». En el catálogo Objetos encontrados e intervención gestual de Ángel Vivas Arias, Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, octubre, 1980, Exp. N° A-57, Cat. N° A-57, s/md.

[2] VIVAS ARIAS, Ángel: Credo del pez sobre la cabeza, París, 1977, s/md.

[3] VIVAS ARIAS, Ángel: «Ángel Vivas Arias entrevista a Ángel Vivas Arias». Op. Cit.

[4] MARCHÁN FIZ, Simón: Del arte objetual al arte del concepto, Ed. Akal, Madrid, 1986, p. 163.

[5] SONTAG, Susan: «Notas sobre lo ‹camp›» en Contra la interpretación, Seix Barral Editores, Barcelona, 1984, 2° ed., p. 303.

[6] SONTAG, Susan: op. cit., pp. 306 et al.

[7] «Ángel Vivas Arias y sus objetos encontrados» en El Nacional, Caracas, 23-8-80, p. C-16.

[8] VIVAS ARIAS, Ángel: «El teatro silencioso de los libros. Pinturas y objetos recientes de Ángel Vivas Arias», El Universal, Caracas, 23-9-85, p- 4-5.

[9] H. C.: «Anti-receta para un artista conceptual» en Últimas Noticias, Caracas, 9-12-79, p. 16.

[10] Ana de Hoy: «Pictodramas es lo de Vivas Arias» en El Universal, Caracas, 30-8-82, p. 4-1.

[11] VIVAS ARIAS, Ángel: «Ángel Vivas Arias entrevista a Ángel Vivas Arias». Op. Cit.

 *La versión original de texto fue  publicada en el catálogo de la exposición «Ángel Vivas Arias. Antología del desarraigo. Pinturas, dibujos, fotografías y objetos» curada por mi y realizada en el Museo de Arte de Maracay (Venezuela, abril-mayo de 1992) y en la Galería Los Espacios Cálidos del Ateneo de Caracas (mayo-junio de 1992). Esta versión ha sido revisada, corregida y aumentada.

Para acceder al catálogo de la exposición: Catálogo

Para acceder al material de prensa con motivo de la exposición: Prensa

© Katherine Chacón

 





19 de agosto de 2021

Entrevista a Diego Barboza. Acciones de Caracas y vuelta a la pintura

Diego Barboza. Pro-testas. En "Acciones frente a la plaza", 1981
Fotografía: Carlos Zerpa

K. Ch.: Después de tu regreso de Londres, entras en una etapa en la que estás muy activo, pero a la vez un tanto disperso, pues te encuentras haciendo muchas cosas diferentes…

D. B.: Hay una etapa entre mi llegada y la aparición de otros artistas conceptuales en el medio venezolano, en la que se siente un vacío ¿verdad? Es en esa época en la que yo hacía dibujos a creyón, las células…

K.Ch.: Yo siento la exposición de la Galería Gaudí de Maracaibo, en la que mostraste dibujos sobre la temática de la célula humana, como una isla en tu trayectoria…

D. B.: Sí, bueno esas obras pertenecen a esa etapa de dibujos a creyón a la que me estoy refiriendo. Hice no sólo células, pero dibujé mucho al creyón, y creo que en algunas oportunidades obtuve resultados magníficos.

K. Ch.: ¿Esta es la época donde haces la serie de Las sillas, que nunca ha sido expuesta?

D. B.: Sí, en estos momentos yo dibujaba mucho, pero no exponía. A mí me gusta mucho la silla como objeto, y en esa etapa realicé varios dibujos de sillas que son interesantes.

K. Ch.: Háblame un poco de la obra que presentaste en 1979 en la muestra “Once tipos”, que se conoce como La cascada.

D. B.: Yo me había relacionado con el artista peruano Emilio Galli, que estaba vinculado al teatro. Entre los dos elaboramos frases. Yo propuse la frase “La creación está fuera del marco” y él la enriqueció como “La creación está fuera de límites”. Esta frase la coloqué como parte de esa obra, que era un cilindro plástico con cojines de formas eróticas; la idea era que la gente se sentara, se acostara, es decir, provocar un cambio en el comportamiento del espectador, que necesariamente tenía que asumir una conducta no habitual frente a esa pieza.

K. Ch.: Una expresión diferente la constituyeron las Pro-testas

D. B.: Con esta acción intenté hacer por primera vez lo que se llama clásicamente un performance, es decir, las Pro-testas no constituían acciones poéticas tal y como yo me las había planteado antes, pues ahora me involucraba a mí como actor. Yo me presentaba con un proyector y a través de sombras le enseñaba a la gente como hacer una flor, como pegarla a un cartón, como hacer las “pro-testas”, que eran sombreros de papel y cartón. Aparte de esto, utilizaba mi cuerpo para crear una serie de imágenes un poco surrealista. Por ejemplo, agarraba un molino de esos de moler maíz y me lo ponía en la cabeza mientras hacía girar la manecilla, haciendo ver algo así como me estuviera moliendo las ideas; también me ponía una jaula en la cabeza. Es decir, yo mezclaba la acción poética con el performance, para crear imágenes poéticas absurdas, muy asociadas a la estética surrealista.

Pro-testas

K. Ch.: Tu abandono del arte no objetual fue paulatino, pero anunciado. ¿Por qué te alejas de estos lenguajes?

D. B.: Desde que yo tuve conciencia de querer ser artista, mi deseo siempre fue comunicarme, por eso creo que he experimentado tanto. Cuando estaba en Europa, que emprendí todas mis experiencias dentro del arte de participación, estas fueron sumamente satisfactorias, ya que la comunicación a través de estos eventos se daba de una manera muy sencilla y espontánea. Allá cualquier tipo de público entendía y participaba en estos eventos, sin problematizarse mucho. Es una cultura que de alguna manera tiene una tradición en este tipo de manifestaciones y ya las han asimilado a la cultura del día a día. En Venezuela esa comunicación no siempre se daba tan fluidamente… En un momento sentí que esta comunicación estaba como disociada. O se daba de una manera muy popular y comunitaria, como en La caja del cachicamo, por ejemplo, o el evento era muy elitesco, muy intelectual. Sentí que no había una articulación, una integración, del evento con la cultura venezolana. Era como si yo mismo estuviera desintegrado. Y el hacer estos eventos me llenaba de angustia porque siempre me preguntaba ¿cómo insertar ese discurso dentro del arte? ¿cómo hacerlo realmente comunicativo con la realidad cultural? Estas preguntas, estas angustias generaban entre cada evento unos espacios vacíos, de muchas interrogantes, en los que yo pensaba sobre la necesidad de retomar un medio que se adaptara más eficazmente a nuestras tradiciones, y a nuestra manera de percibir y entender el arte.

K. Ch.: Aunque cursaste estudios en el CEGRA, únicamente has realizado un trabajo como artista gráfico, que es la serie que trabajas sobre un retrato de Luis Villamizar. Háblame de este trabajo.

D.B.: Desde mis primeros años como artista me interesó la idea de la serie. Fíjate que muchos de mis dibujos a plumilla, son series, en las que yo “narro”, por así decirlo, una transformación de una imagen, estableciendo una secuencia. Eso fue lo que quise hacer con Luis, y los retratos cambiantes que integran esta serie serigráfica.

K. Ch.: Entras a la pintura paulatinamente, primero a través de la acuarela, la técnica mixta, el collage, sin embargo tus temas, tus inclinaciones e influencias en este sentido han estado claras desde el comienzo

D. B.: Ciertamente mi paso a la pintura fue paulatino. La pintura no es algo fácil, sumergirse en su complejidad toma tiempo. Recuerda además que yo no había sino netamente pintor, había sido más bien un dibujante. Adentrarme en la técnica pictórica, me llevó un tiempo. En ese entonces yo hice muchos collages. Por otra parte déjame decirte que cuando yo retomo la pintura lo hago a través de la vía del expresionismo. Estudio mucho a Kokoschka, y a los alemanes. De Venezuela me interesaba Jacobo Borges. Todos ellos eran mis héroes en ese momento. Y Goya, siempre me intereso, porque es un magnífico pintor, y su mundo, sus personajes, aunque sean cortesanos, siempre dejan traslucir un dejo popular, que a mi se me vincula con este país. La presencia de la mujer siempre ha estado en mi pintura, quizás porque yo me crié en un mundo de mujeres, de mujeres sojuzgadas por el hombre. Por eso es que yo hago obras tan expresivas como Fuerza salvaje, con la que gané el premio municipal, que tiene que ver con la carta del Tarot que se llama La Fuerza, y que representa a una mujer venciendo a la fiera.

K. Ch.: ¿Tú te consideras expresionista?

D. B.: Graziana La Rocca, me denominó en un momento como un “expresionista tropical” y si te pones a ver esta denominación puede ser válida, porque mi obra aunque tiene esa vocación más dada a la expresión de estados interiores que a la construcción formal, no tiene nada del ambiente de la post-guerra, de la depresión que se percibe en los expresionistas europeos. En estos inicios o reinicios de mi pintura yo me agarro de mis raíces: Borges, Soutine, Van Gogh, pero poco a poco voy entrando en una nueva realidad, por así decirlo. Retomo mi experiencia conceptual, veo el mundo de la computación gráfica, veo mucho cine, y mi pintura deja de ser expresionista y se convierte en una pintura muy contemporánea, pues involucra muchas influencias. Tiene que ver con el expresionismo en el sentido que no se inclina a lo académico, a lo propiamente clásico, más bien se relaciona con el barroco.

Buenos días señorita Alba II, 1986

K. Ch.: Un elemento importante de tu obra reciente es la profundización que vienes haciendo en el trastocamiento del espacio del cuadro.

D. B.: Por esa época yo empiezo a ver mucho cine, y me empieza a interesar cómo en el cine las cosas se perciben de una manera distinta a como se percibe en la realidad. Esta especie de dramatización, por así decirlo, de la imagen. En este sentido los nuevos medios se integran a mi pintura.

K. Ch.: Háblame de tus experiencias con la técnica del pastel

D.B.: En primer lugar debo decirte que a mí siempre me gustó trabar en papel, pues el papel es algo maravilloso. Por otra parte, el pastel es divertido, es una técnica que te seduce. Yo diría que el pastel es como una mujer, al contrario del óleo que es como un toro al que hay que lidiar. Ha medida que la sensibilidad se decanta, se necesita establecer un punto medio entre la materia y la imaginación, y eso lo permite el pastel porque sin duda es una material mágico. De cualquier manera, yo también asumo el pastel como materia. Froto muy fuertemente la barra de pastel al papel, un poco para acentuar su presencia matérica, y creo que eso lo percibe el espectador, esa materia tan especial del pastel. En cuanto al óleo, es un material que te reta. Sin embargo, yo casi nunca he trabajado en acrílico, porque no me gusta. La pasta del óleo es algo muy importante para mí. Ese golpe que se produce en el ojo cuando ves el óleo como materia, como empaste, es para mí algo muy importante desde el punto de vista sensual y expresivo.

Sueños y ensueños, 2001

K. Ch.: ¿Y el collage?

D. B.: Quien me influyó directamente en el collage fue Jacobo Borges, con sus clases en la Cristóbal Rojas y todo lo que hicimos para la exposición de Arte Conflicto. Ahí él nos dio algunos secretos en cuanto a la yuxtaposición de imágenes, todo esto basado en las teorías del montaje cinematográfico de Eisenstein. Claro, yo traía una especial sensibilidad hacia el collage desde mi formación de niño, con mi maestra, mi madre y Angelina Curiel, y eso se nota en mi primera exposición, en donde mostré collages. Creo que es una técnica muy afín a mi sensibilidad, pero es Jacobo con quien la trabajo digamos profesionalmente. Y si te das cuenta, mi pintura, en un principio, tiene mucho de esa calidad del collage. Se nota en ella que hay una experiencia en el collage, y de ahí se derivan también las deformaciones de los cuerpos y, sobre todo, la complejidad espacial. Después yo decanto un poco esto, supero lo corpóreo del collage.


Mis cielos, 1984

K. Ch.: Háblame de tu pintura.

D. B.: Con los años he descubierto que uno muchas veces está en contra de cosas que no conoce a fondo. Con todo lo accidentado que es la educación artística en este país, uno a veces no llega a profundizar en algunos conceptos, con los que, un poco sin causa, está peleando constantemente. En Londres yo estudié diseño gráfico y aprendí mucho del diseño. Tanto, que creo que mi pintura está llena de ciertos principios derivados del diseño, como por ejemplo el principio básico de la atención, es decir, de que aquello que se diseña debe captar la mirada rápida. También el valor de la reflexión, dado por los elementos que se contactan en la imagen, creo que está presente en mi pintura. Obviamente desde siempre he tendido a la deformación y en eso estoy de acuerdo con algo que dijo Botero, que no se puede crear si no se deforma. Asimismo, la necesidad expresiva en mi trabajo se haya por encima de las necesidades puramente formales.

K. Ch.: Y los temas, que si nos damos cuenta han sido siempre los mismos: la mujer, el entorno…

D. B.: También tengo una incursión con personajes locales, como José Gregorio Hernández y María Lionza, por ejemplo… Mi obra es muy autobiográfica. Trato a la mujer, porque en mi infancia las mujeres llenaban mi mundo. Ellas eran como unas brujas que vivían peleando, también estaba todo lo que rodeaba el culto a la virginidad. Yo me identificaba mucho con ellas, porque vivían sometidas al yugo masculino maltratador. Mamá Sara, Dariela, Victoria, fueron mujeres muy importantes de mi infancia. Ese mundo femenino lo encuentro, extrapolado, en la pintura barroca española. Es como si lanzara una línea de continuidad entra Maracaibo y España, y tomo los iconos españoles como símbolos universales que me permiten evadir la anécdota. Cuando me doy cuenta de eso, empiezo a estudiar mucho la pintura de Goya y los barrocos españoles. Leo a Eugenio D’Ors y a otros, leo los estudios sobre las relaciones entre la duquesa de Alba y Goya, y todas esas historias me remiten a lo que sucedía en mi entorno infantil. La Gioconda también me interesó, porque encontré una relación muy especial entre las circunstancias que marcaron la vida de Leonardo y la mía. Después me intereso por al manierismo italiano, y descubro que había mucho de esto y del barroco en el expresionismo. Otros pintores que me seducen son Zurbarán y Caravaggio. De Zurbarán me llama la atención la corporeidad de sus pliegues, la solidez de lo que representa. Murillo me interesó por las escenas populares que pintó.

Helena, 1992-1993

K. Ch.: Y el tema de los enseres…

D. B.: Siempre tuve predilección por los objetos, eso lo puedes ver desde mi primera exposición en 1963. La idea del bodegón nunca fue ajena a mi trabajo, tampoco lo ha sido la idea de lo desechable, de lo desdeñable. Yo creo que en estos enseres quiero expresar un aspecto del abandono, a través de lo que queda después de la acción. Fíjate que en estas obras el ángulo de visión es muy importante, porque Barboza no está en esas mesas, sino que las mira desde otra perspectiva. A mí me gusta colocar elementos contrastantes de cosas muy exquisitas y cosas más bien populares en esas mesas. Y ese es un mundo que yo viví donde habían esos grandes contrastes. Es como jugar con dos tipos de gustos.

Cubiertos descubiertos, 1992

Fragmentos de las entrevistas realizadas el 6 de mayo de 2000, en el taller del artista, Urbanización Piedra Azul de Baruta, estado Miranda (Caracas - Venezuela) y el 19 de mayo de 2000, realizada telefónicamente.

© Katherine Chacón