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12 de mayo de 2022

Miradas de agua*


Vista parcial de la exposición "Miradas de agua"

Cuando Gastón Bachelard escribió su serie de tratados sobre los elementos, buscaba adentrarse en las vertientes materiales —sustanciales— de la imaginación y rescatar, para el análisis estético,la pertenencia constitutiva del ser humano al mundo de las imágenes» en comparación, por ejemplo, al de las ideas. En su célebre libro El agua y los sueños, Bachelard indagó sobre las fuerzas arquetípicas del agua como fuente del imaginario poético, anteponiendo sus cualidades de transitoriedad, poder diluyente, o pureza, a temas evidentemente relacionados con esta, como el mar o la lluvia. Para este pensador francés, las propiedades del agua la conectaban principalmente con la energía yin, femenina, y la hacían ser, de todos los elementos, el más profundo, por sus vinculaciones simbólicas con el inconsciente.

La exposición «Miradas de agua» reunió el trabajo de seis artistas ―Claudia Cebrian, Lara Di Cione, Sofía Maldonado, Daniela Quilici, Carmen Smith y Toña Vegas― en torno a este elemento. Aunque el conjunto es diverso en lenguajes, modalidades y técnicas, estas creadoras comparten prácticas en la que el foco conceptual se desliza hacia lo subjetivo, al integrar la intuición, la emoción, y la mirada interior, y permitir la aparición sugerente, casi metafórica, de la imagen. En estos trabajos quisimos ver el fluir de esa «fisiología del agua onírica» propuesta por Bachelard, entendiendo que la imagen artística es, también, un campo soluble que bien puede reflejar aquello que en nosotros es mutable e indefinido.

Fotografías de Claudia Cebrian

La fotografía de Claudia Cebrian (Buenos Aires, Argentina) se instala al borde de lo onírico. Eludiendo la radicalidad surrealista, pero sosteniendo la fuerza de lo enigmático, Cebrian crea imágenes donde la naturaleza y lo femenino convergen en misteriosas relaciones. Las experiencias psicológicas como mujer e inmigrante detonan buena parte de su obra. Sin embargo, ésta no es del todo autobiográfica, ya que sus narrativas recrean historias compartidas por un colectivo. El agua, una constante en sus fotos, adquiere en éstas un carácter simbólico. Puede aludir a la indefectible corriente de la vida, al saco amniótico arquetipal ―que provee de nutrición y cobijo interiores―, o a la pureza de la naturaleza, entre otras asociaciones posibles. Las imágenes de su serie Oasis pueden ser entrevistas a la luz del «complejo de Ofelia» descrito por Bachelard. Son notables las similitudes que existen entre éstas y Ofelia, el famoso cuadro realizado por John Everett Millais (1851-52). En ellas se percibe el agua melancólica circundando las tensiones entre vida, juventud y amor, confrontadas con la muerte. Es el agua virgen que sacraliza los ciclos naturales de fecundidad y perecimiento.

Claudia Cebrián
De la serie Oasis, 2020. Impresión digital

Claudia Cebrian. Sirena. De la serie Renacida, 2016
Captura analógica. Impresión de tinta.


Claudia Cebrian.
A la deriva. De la serie Tierra prometida, 2016
Impresión digital

Claudia Cebrian. Balance, 2021
Collage

Lara Di Cione (Caracas, Venezuela) comenzó a crear sus Nadadores por el interés que le suscitaron las deformaciones que el agua produce en la percepción de los cuerpos sumergidos. Para realizarlos, toma fotografías de personas que le son cercanas en el momento en que se zambullen y nadan en una piscina. Este proceso le permite avivar una confrontación atávica, aquella que surge al contrastar lo bello/conocido con su contraparte, lo deforme/inédito. Fue Bachelard quien, justamente, señaló este carácter dual del agua, relacionándolo con los estados psicológicos de deseo y temor que ésta infunde. Pero el trabajo de Di Cione se forja, sobre todo, en su fascinación por la capacidad de refracción del elemento. Utiliza un medio acuoso ―el acrílico― en diversos grados de dilución, no solo para traducir plásticamente esta cualidad, sino para mostrar la capacidad del agua de corroer cuerpos e imágenes. La pincelada libre y la intensidad cromática subrayan el talante expresivo de estas piezas. Son esos espacios ambiguos y formas distorsionadas producidas por el agua las que ―según Bachelard― originan la ensoñación, único fermento para la eclosión de la poesía y el arte.

Lara Di Cione. Nadador Mariposa, 2019-2021
Acrílico sobe tela

Lara Di Cione. Nadador emergente, 2019-2021
Acrílico sobre tela

La serie Aguas muertas fue creada después de que Sofía Maldonado (San Juan, Puerto Rico) dejara su país de origen para mudarse a España. El viaje y los cambios que éste supuso, vividos en medio de la crisis global del Covid-19, se reflejaron de inmediato en su trabajo. Siendo puertorriqueña, Maldonado creció frente al mar caribe, de modo que la «tropicalidad» ha sido parte fundamental de su lenguaje plástico. Esta se refleja, por ejemplo, en el vivo colorido de sus murales. Aguas muertas alude, en cambio, a un océano oscuro y denso. Aquí, la artista no sólo retoma el negro, sino que utiliza una espesa pasta acrílica para radicalizar la volumetría de las pinceladas. La verticalidad persistente de sus obras anteriores ―realizadas sobreponiendo campos de color y abundantes chorreados― cede paso al horizonte y a trazos oblicuos, ascendentes, que recuerdan las plomizas olas de mar adentro, luchando desde lo profundo por imponerse a la gravedad, o su choque rompiente contras las rocas. Es el agua violenta que Bachelard detalló como cargada de energía yan, tormentosa y transformadora. Es el agua del coraje, del recomienzo, que acompaña los tránsitos iniciáticos y la rabiosa lucha contra la adversidad.

Sofía Maldonado. Aguas muertas I, 2021
Acrílico sobre lino

Sofía Maldonado. Aguas muertas III, 2021
Acrílico sobre lino

Sofía Maldonado. Aguas muertas IV, 2021
Acrílico sobre lino

El ejercicio creativo de Daniela Quilici (París, Francia) fluye desde una sensibilidad guiada sutilmente por la intuición. Su lenguaje se ha forjado en la escucha de las voces calladas de la naturaleza y en su atento seguimiento a las resonancias que estas producen en su interior. En su obra, la forma es inseparable de la materia, pues es desde la indagación sensible de lo que el material es y dice, que ésta emerge en consonancia con emociones y delicadas percepciones. Las cualidades de lo acuoso, estudiadas por Bachelard, están presente en este hacer espontáneo y vital. Por ello tiene la calidad de la ensoñación. El mar o la espuma son, en estas instancias, indefinibles, aunque las manchas de azul diluido, los impastos, y los trazos a creyón, quizás nos acerquen a ese instante irrepetible de poesía natural en el que el ritmo de una respiración se acompasa con el del lamido de una ola. Quilici también trabaja la arcilla en su necesidad de dar cuerpo a estas ensoñaciones que parten y vuelven a la naturaleza, creando nuevas plantas y animales marinos, conchas inéditas, dando imagen a las cualidades del fondo marino. La pasta, mezcla de tierra y agua, es para Bachelard la materia arquetípica que marca los orígenes orgánicos de la vida.

 

Daniela Quilici. De la serie Límites N° 1, N° 2, N° 3, N° 4, N° 5 y N° 6, 2021
Acrílico y lápiz de acuarela sobre papel Fabriano

Daniela Quilici. De la serie Écume (Espuma), 2020
Acrílico, acuarela, ceniza, arcilla húmeda y tinta sobre papel 

Concha femenina, 2021
Cerámica esmaltada y paño tejido


Las pinturas de Carmen Smith (Jacksonville, FL, EE. UU.) representan escenas solitarias donde la arquitectura adquiere un papel preponderante. La artista se concentra en áreas que no son propiamente exteriores, pero que tampoco forman parte del interior de las casas o condominios donde comúnmente son emplazadas. Estas zonas intermedias recrean las bondades de los entornos naturales. Son, en cierta forma, sus sucedáneos, por lo que suelen incluir jardines y piscinas. Para Bachelard, el lago constituía el «ojo del mundo», que reflejaba el cielo y donde la tierra podía verse a sí misma. El «ojo de agua» es, entonces, parte sustancial del paisaje natural arquetípico que la zona de esparcimiento urbana imita. El sintético lenguaje de Smith ―que evidencia su tributo a Edward Hooper y Alex Katz, entre otros pintores americanos― crea planos casi abstractos en los que la perspectiva desencadena intensos choques de luces y sombras. Los tonos casi eléctricos subrayan la enigmática atmósfera de estas imágenes. Aunque para Bachelard el agua de las piscinas había perdido toda conexión con las fuerzas telúricas, los ojos de agua urbanos, resignificados estéticamente en la obra de Smith, adquieren potencial simbólico.

Carmen Smith. Tobogán al atardecer, 2022
Óleo sobre tela

Carmen Smith. Piscina invernal, 2021
Óleo sobre tela

Carmen Smith. Evolución de la memoria II y III, 2021
Óleo sobre tela

Cuando Bachelard disertó sobre la «moral del agua» subrayó que su pureza simbólica ejercía un papel fundamental en la construcción psicológica de las valorizaciones, y en especial, de aquellas que animan las relaciones del hombre con lo sagrado. En este sentido, el agua pura/purificante no es necesariamente el agua potable, sino aquella que emerge inmaculada de las fuentes naturales, y mantiene vivos los vínculos simbólicos con las fuerzas telúricas y trascendentes. El trabajo de Toña Vegas (Caracas, Venezuela) se origina en un penetrante ejercicio contemplativo. La fotografía es el punto de partida de las series Shizen y Traces, en las que la artista ha querido revelar y registrar los trazos secretos que la naturaleza inscribe en la vegetación, las rocas, las nubes, y en este caso, el agua. Vegas decanta las imágenes fotográficas sometiéndolas a alto contraste, lo que deja al descubierto líneas esenciales que luego transfiere, como surcos, al papel pintado de negro y, «en positivo», al pliego blanco. Este proceso de depuración gráfica ritualiza, en cierta forma, la búsqueda de los rasgos esenciales del elemento/imagen, inscritos en su ser físico tras los sutiles intercambios que rigen la formación y transformación de la energía y la materia.

Toña Vegas.
Agua. Serie Trazos, 2018. Yeso blanco y papel Hähnemühle
Agua. Serie Shizen, 2018. Papel hecho a mano perforado y yeso negro
Agua. Serie Shizen, 2018. Papel hecho a mano perforado y yeso negro


Claudia Cebrián (Buenos Aires, Argentina)

Estudió Publicidad (Universidad del Salvador, 1986) y Fotografía (Escuela Argentina de Fotografía, 1996) en Buenos Aires, donde desarrolló sus primeros trabajos de fotografía artística y editorial. Allí también comenzó a exponer y a ser publicada en revistas como El jardín de Argentina y Elle. En 2001 fija su residencia en Miami. Continúa su formación asistiendo a cursos y talleres en los Estados Unidos y Argentina. Ha participado en exhibiciones en Buenos Aires, Boston, Miami, Orlando y Nueva York. Su trabajo ha recibido varios reconocimientos entre los que destaca la mención honorífica obtenida en 2020 en L.A. Photo Curator: Global Photography Awards. Actualmente vive en Miami.

Lara Di Cione (Caracas, Venezuela)

Artista plástico, restauradora, historiadora del arte y docente. Estudió Restauración de obras de arte (Instituto per l’arte e il restauro, Florencia, 1991) y Artes Plásticas (Instituto Federico Brandt, Caracas, 1984-1991). Es Licenciada en Artes Plásticas de la Universidad Central de Venezuela (Caracas, 1993).  Después de un período dedicado a la docencia, retoma la pintura en 2014, emprendiendo las series “Nadadores” y “Dúo dinámico”. Ha participado en exposiciones colectivas en Venezuela, Estados Unidos, Inglaterra y España. Ha expuesto individualmente en NV Studio (South Dakota, 2016), Espacio de Arte Iskia (Caracas, 2019) y en la Sala Juana Frances de la Junta Municipal de Tetuán (Madrid, 2020). Actualmente vive en Madrid.

Sofía Maldonado (San Juan, Puerto Rico)

Estudió en la Escuela de Artes Plásticas de Puerto Rico (BFA, 2006) y en el Pratt Institute de Nueva York (MFA, 2008). Su carrera se ha enfocado en el arte público, con proyectos site-specific y murales abstractos de amplios campos de color hechos en espacios abandonados. Ha participado en numerosas e importantes exposiciones colectivas de las que destacan la Bienal del Whitney Museum (NY, 2017), “On Painting” (CAAM, Gran Canarias, 2013) y la 10ª Bienal de La Habana (2008). Ha realizado muestras individuales en Puerto Rico, Nueva York, Filadelfia, Madison, Los Ángeles y Ámsterdam. En 2012 fue galardonada con el Manhattan Community Arts Fund Grant, LMCC, (Nueva York). Actualmente vive entre Madrid y Puerto Rico.

Daniela Quilici (París, Francia)

Su infancia y adolescencia trascurrieron en Venezuela. En 1999 regresó a París. Allí, estudia en la École Nationale Supérieure des Beaux-Arts (Licenciatura en Escultura y Dibujo, 2006; Maestría en Bellas Artes, 2009). En 2008 asistió a la Facultad de Bellas Artes del País Vasco como parte del intercambio estudiantil Erasmus. Ha realizado residencias artísticas en la Fundación El Semillero (Maracaibo, 2011) y en la Fundación Albert Gleizes (Les Sablons, 2012). Ha participado en exposiciones colectivas en Caracas, Maracaibo, Valencia, Mérida (Venezuela), Buenos Aires, París y Londres. De sus varias muestras individuales destaca la llevada a cabo en el Ateneo de Caracas en 2013. Actualmente vive en Bagneux, Francia.

Carmen Smith (Jacksonville, Florida, EE. UU.)

Se mudó al sur de Florida en 2008 después de obtener un BFA de la Escuela de Artes de la Universidad Virginia Commonwealth (Richmond, VA), donde recibió el Premio a la Excelencia Académica y Creativa. Comenzó a exhibir en 2016. Hasta el momento ha participado en más de 15 salones de arte, recibiendo el Certificado al Mérito en las ediciones de 2017 y 2018 de la Annual “Paint Me Miami” Art Competition. Ha formado parte de varias exposiciones colectivas como “The Portfolio Review Series” (Coral Gables Museum, 2019) y “Everything Old Is New Again”, Superfine! NYC Art Fair Curated Gallery (Nueva York, 2017). En 2021 realizó una exposición individual, “Night Swimming”, en Second Street Gallery (Charlottesville, VA).

Toña Vegas (Caracas, Venezuela)

Creció en Caracas, Venezuela, donde recibió una licenciatura en Psicología, estudió artes gráficas en el Centro de Artes Gráficas (CEGRA) y tuvo como mentores a los artistas Mercedes Pardo y Alejandro Otero. Entre sus exposiciones individuales se encuentran “Energy Matters” en Imago Art in Action (Miami, 2019), “Inventory/takes” en The Clemente Center (Nueva York, 2017) junto a Tony Vazquez-Figueroa y “Universe of Silence” en G Siete Galería (Caracas, 2012). Su trabajo ha sido exhibido en ferias de arte internacionales, museos y galerías en Caracas, Maracay, Mérida (Venezuela), Nueva York, Estrasburgo y Miami. Sus instalaciones site-specific se encuentran ubicadas en Caracas y Miami. Vive en Miami desde 2017.


© 
Katherine Chacón

* Este texto fue realizado en ocasión de la exposición "Water Glances", presentada en Imago Art in Action (Coral Gables, Florida), del 27 de febrero al 15 de mayo de 2022.
Fue asimismo publicado en el «Papel Literario» de El Nacional el 3 de abril de 2022. 
Links: Miradas de agua
Prensa de la exposición: 











1 de octubre de 2021

Hayfer Brea. Apuntes sobre su obra hecha en Caracas.


Hayfer Brea.
Foto: Katherine Chacón

Por su consecuente e inteligente trabajo de investigación plástica, Hayfer Brea (Caracas, 1975) es, hoy por hoy, uno de los artistas contemporáneos venezolanos de mayor relevancia. Su práctica guarda conexión con una de las tradiciones pictóricas nacionales más relevantes: el paisaje, que viene tratando desde la experimentación en medios no con­vencionales, y con interés en subvertirlo y plantear nuevos modos de abordarlo.

El trabajo de Brea refleja la influencia que la gran tradición paisajista de la plástica venezolana tuvo en él, como repertorio de imágenes omnipresentes. El cerro El Ávila, motivo habitual de la llamada Escuela de Caracas, se solapó con las reflexiones traídas a su mente en las constantes vistas que de esa montaña tenía durante sus desplazamientos cotidianos entre el litoral central ―zona en la que habitó desde niño― y la capital del país[1]. La referencia al paisaje en la obra de Brea, y en particular a la montaña, establece de este modo, una línea de continuidad con el pasado, actualizándolo desde la perspectiva de la visión contemporánea.

Desde sus años de estudiante en el Instituto Universitario de Estudios Superiores de Artes Plásticas Armando Reverón (IUESAPAR, Caracas), la práctica de Hayfer Brea estuvo dirigida a estas reflexiones. En 2000, y a partir de unas fotografías de su cuerpo manipuladas con kodaklite, se detonó su interés por la topografía como leiv motiv: las vistas de su piel cercana a la cámara, contrastadas a un fondo negro, semejaban relieves de baja vegetación, lo que activó sus memorias visuales del Ávila.

Espectáculo humano, 2000

Acucioso investigador de diversos medios, Brea comenzó a experimentar metódicamente en la con­figuración plástica de la montaña a través de la foto­grafía, el dibujo, el collage, la gráfica, el video y, más adelante, la cerámica y la imagen digital. Paralelamente a esta investigación formal, adelantaba una exploración sobre los contenidos semánticos del tema. Entre las referencias simbóli­cas halladas, la idea de «la ascensión» tomó fuerza, y lo llevó a integrar a sus obras elementos como es­caleras, árboles y nubes, que reforzaban la noción simbólica de «aspiración a lo alto» planteada en el motivo de la montaña. Por esa época, también llevó a cabo una serie de videos en los que el cerro era tratado tangencial­mente, a través de imágenes insinuantes cargadas de vuelo poético, como en Paisajismos (2001), donde la cordillera se formaba y se deshacía en la arena al ritmo de las olas.

Primeras videoinstalaciones y performances

Las primeras videoinstalaciones y performances de Hayfer Brea datan de este período. En una de ellas, Scando/Ascen­do, alegorizó el proceso de elevación a través de la integración de dos video-esculturas: Scando —formada por una pequeña escalera de madera que a un lado tenía una piedra, y al otro, un monitor de 24" con el video de una persona subiendo una escalinata intermina­ble—, y Ascendo, constituida por una escalera de cinco peldaños apoyada en una pared intervenida con el dibujo lineal de una montaña. Sobre la escale­ra se dispuso un monitor en el que se proyectaba un video de nubes desplazándose en el cielo. Ascen­diendo fue un performance en el que Brea subía y bajaba tres escaleras de diverso tamaño, apoyadas sobre un muro donde se había dibujado linealmente una montaña.

A partir de 2003, el artista realizó una serie de dibujos a los que adhería la foto de una cumbre, y con un tra­zo lineal continuaba el relieve de la montaña sobre el plano, recurriendo al papel, el MDF y, finalmente, a la super­ficie blanca de las paredes. Ese año creó dos importantes ins­talaciones para los salones Pirelli (Caracas, Venezuela) y Michelena (Valencia, Venezuela), ambas titu­ladas Montaña. En ellas, integraba la idea del fragmento de fotografía continuado con el dibujo lineal de una colina sobre una pared blanca y un video. En la instalación del Salón Pirelli dispuso, frente a la pared, un monitor en el que se mostraba el encuadre de un caminó boscoso, en blanco y negro y en tiempo real. La obra reunía foto­grafía, dibujo y video en un conjunto que activaba la simultaneidad de varios niveles de significación. El título reforzaba esta intención tautológica, que unía lo semántico, lo «real», lo repre­sentativo-sintético y lo metafórico. La pieza mostrada en el Salón Michelena tenía un elemento innovador: la sustitución de la fotografía por una pantalla integrada a la pared, en la que se mostraba un video en tiempo real de una cumbre con nubes.

Montaña (Salón Pirelli), 2003

Montaña, 2003-2004

En el 8 Salón CANTV Jóvenes con FIA (Caracas, 2005), Brea presenta una instala­ción en la que utilizó latas de almacenar películas a las que había colocado un vidrio en sustitución de la tapa, de modo que pudieran verse las fotografías de montañas dispuestas en el fondo. En esta etapa comienza a replantearse lo hecho hasta entonces y decide dirigir su obra por una vía de mayor rigor conceptual. En este proceso de relectura resuelve deslastrarse de los aspectos simbólicos y alegóricos que hasta entonces habían constituido la base conceptual de su propuesta. Centrándose ahora en la ejecución, realiza un registro fotográfico del proceso de creación de sus dibujos, adentrándose en cada uno de los as­pectos que involucra su realización. Hacía, de este modo, un ejercicio de autoconocimien­to como un modo de estudiar a fondo su obra y desentrañar los mecanismos expresivos envueltos en ella.

Incontenibles (Jóvenes con FIA), 2005

Incontenibles (Jóvenes con FIA), 2005

La montaña es una línea

Una de las primeras obras surgidas en este nue­vo rumbo fue expuesta en el marco de la muestra «Medidas variables. La Reverón del siglo XXI», realiza­da en el Museo Alejandro Otero (Caracas, 2006). Consistió en un di­bujo de unos catorce metros de largo ejecutado so­bre una superficie blanca, ubicada en los espacios exteriores del museo. La línea continua y sinuosa de la montaña se integraba al paisaje de los jardines, verificando una revisión formal que buscaba la expresión a través de un gesto mínimo.

En 2007, el artista realiza su segunda exposición in­dividual, «Variaciones en torno a una línea...», en la galería Spacio Zero de Caracas, en la que mostró un cuerpo de trabajo derivado de dos años de investigación en diversos medios. Exhibe una intervención, dibujos sobre papel, registros fotográfi­cos, latas con fotos, e introduce una novedosa serie de fotografías de marcas o logotipos de productos que incluían la imagen de una montaña en sus dise­ños, así como dibujos de paisajes en los que integra algunos de estos logotipos. También expone unas líneas-objetos-montañas realizadas con acrílico sobre PVC. Ese mismo año presenta Paisaje sitiado, una de sus obras más relevantes, en el 36 Salón Nacional de Arte Aragua, realizado en los espacios de La Gana­dera de Maracay (estado Aragua, Venezuela)[2]. Fue ejecutada en una de las ruinosas fachadas laterales del área abierta del recinto, sobre la cual el artista dibujó el perfil lineal de una montaña. En la pared de enfrente colocó una fotografía del dibujo terminado impresa en plóter, lo que permitía la percepción simultánea de la pared real y de su imagen idéntica. La obra estuvo basada en las ideas de «sitio» y «no-sitio» planteadas por Robert Smithson.


Montaña (Medidas variables, MAO), 2006

Vista de la exposición «Variaciones en torno a una línea...»

Montaña, 2007

Apropiaciones

Dibujos apropiados, 2007
Paisaje sitiado, La Ganadera, Maracay

Paisajes modernos

Los Paisajes modernos fueron exhibidos por primera vez a principios de 2008 en Faría+Fábregas Galería de Caracas. En ellos, Brea desarrolló una idea surgida el año anterior, en la cual se planteaba una aproxi­mación a la arquitectura modernista de la capital venezolana, erigida en el contexto renovador de la década de los años cincuenta. Las piezas mostradas representaban hitos arquitectónicos de la ciudad, dibujados di­gitalmente con apenas algunos detalles definitorios; eran siluetas sobre el fondo de la montaña, en negro. La modernidad venezolana ha sido un tema de reflexión común a varios artistas venezolanos contemporáneos. En el caso de Brea, al contraponer las edificaciones al relieve, no sólo rinde un homenaje a la ciudad y a su historia, sino que se focaliza en cómo la aspiración modernista «incidió —según palabras del artista— en la identidad e idiosincrasia del venezolano progresista de la época».

Ese año envía a la 33° edición del Salón Nacional de Arte Aragua la pieza Apropiación: La gran montaña, en las que muestra, enmarcada, la portada y contraportada del catálogo de la exposición «Guaraira-Repano: La gran montaña», editado la Galería de Arte Nacional de Caracas en 1977 con motivo de una exposición de pintores paisajistas del siglo XX que habían tratado el tema de El Ávila. El diseño de las tapas de esa publicación era sumamente sintético, y mostraba la silueta inconfundible de la gran montaña. El acto de apropiación hecho por Brea enfatizaba, por un lado, la relevancia de la montaña caraqueña como tema de la tradición paisajística nacional, así como su integración a la historiografía plástica oficial, y por otro, cómo la reiteración de su topografía la había hecho tan conocida que bien podía ser descrita a través de una silueta o de una línea.


Hotel Humboldt, 2007


Hotel Tamanaco, 2007
El Helicoide, 2007


Paisajes modernos, 2007

Parque Central, 2008                                                                      Club Táchira, 2008


La montaña familiar

Las indagaciones del artista en torno a la representación del paisaje son abordadas desde la memoria familiar en las obras que presentó en la exposición «El Teide: Mis raíces canarias», (Oficina #1, Caracas, 2011), que puede leerse como un homenaje a sus ancestros tanto humanos y «paisajísticos».

Teide y otras obras similares, fue realizada utilizando bordados hechos en tela blanca, a la manera de los tapetes decorativos que suelen colocarse en las casas y que forman parte de la tradición artesanal canaria. Para estas piezas, la madre del artista bordó los dibujos del perfil topográfico del Pico del Teide volcán situado en la isla española de Tenerife y otros cerros canarios, previamente trazados por él siguiendo las características de sus representaciones mínimas de El Ávila. En Teide, Brea insertó nombres de la geografía canaria ―también bordados por su madre― debajo de la línea topográfica trazada, como un modo de confrontas dos realidades y dos culturas. Su abuela tejió en crochet los bordes de estos tapetes. En otras piezas, colocó palabras de los aborígenes canarios o «guanches» que ahora forman parte de la jerga venezolana, poblando el plano de la tela, como lo hace la lengua en la vida del artista y del país, y cómo las historias personales se superponen para formar historias comunitarias.

En la instalación Línea (Teide-Ávila) + Lava el artista dibujó el perfil de una montaña en la pared. Esta era, a la vez, El Teide y El Ávila, unidos por la continuidad de un trazo, como un modo de referirse a los desplazamientos, el tiempo, el recuerdo, la historia, la familia y el vivir. Brea colocó fragmentos de piedra volcánica como alusión al Teide y al magma donde se asientan los aspectos telúricos de la cultura, y libros que tratan sobre la geografía de las Islas Canarias.

La exposición incluía fotos de la familia del artista en Canarias y en Caracas, folletos turísticos, y otros elementos que hablan de la particularidad cultural y geográfica de las islas canarias.


Teide bordado                                                       Ávila bordado

Línea (Teide-Ávila) + Lava


Cuerpos de agua

Desde 2011, Brea tornó su interés hacia los cuerpos de agua, sobre todo el Mar Caribe, y los lagos venezolanos de Valencia y Maracaibo (estado Zulia). Las exposiciones «Una línea imaginaria» (Museo de Arte Contemporáneo de Caracas) y «Registro de territorio» (La Caja del Centro Cultural Chacao, Caracas), mostraron algunos trabajos de estas experiencias.

En las ocho piezas que se reunieron en la exposición «Una línea imaginaria», el artista se planteaba una reflexión sobre el horizonte como elemento inseparable a la noción de paisaje, utilizando los recursos del arte contemporáneo en sus tendencias más conceptuales. En Línea pétrea, Línea quemada y Horizonte contenido, estableció juegos visuales con el tema del horizonte marino, utilizando materiales naturales de la costa. En Línea pétrea, por ejemplo, juntó piedras grises que tuvieran una inclusión lineal de materia blanca. Colocándolas una junta al lado de otra sobre la pared, logró formar un trazo horizontal cuya sutileza sólo se lograba atisbar mirando de cerca y cuidadosamente la pieza. Línea quemada fue un «paisaje mínimo» creado por una línea negra sobre la pared hecha con pedazos de carboncillos unidos. En otro grupo de obras, como 3 momentos, 3 lugares, 1 horizonte y Línea fragmentada, Brea utilizó la fotografía para recomponer el horizonte a partir de varias vistas de un único o de diversos paisajes. Estas fragmentaciones y distanciamientos lograban apartar al espectador de la contemplación tradicional y lo inducían a fijar su atención en la línea re-creada. Por último, la pieza Horizontes impresos y los videos Una línea imaginaria y En lontananza, buscaban establecer juegos semánticos, introduciendo la palabra escrita como recurso tautológico.


Línea pétrea, 2011

3 momentos, 3 lugares, 1 horizonte, 2011

En 2012 Brea realizó una serie de fotografías del Lago de Valencia, en las que registró el impacto que la incorporación de aguas servidas ha ocasionado en esta masa de agua y en sus áreas circunvecinas. La inundación de sus costas produjo la desaparición de grandes extensiones del paisaje, y con ésta se perdieron caseríos, fauna y flora. Asimismo, logró fotografiar las ruinas de una cárcel que estaba ubicada en una de las islas del lago. Las imágenes fueron expuestas en 2013 en la muestra titulada «Inercia ante la lejanía». En ellas se contrasta la tranquilidad de las aguas del lago y la belleza poética del paisaje, así como el misterio de las edificaciones derruidas de la prisión, con la realidad que subyace tras de ellas: la desidia e indiferencia ante el entorno y el abandono de nuestros patrimonios naturales e históricos.


Lago de Valencia. Islas Otama, El Horno y de Tacarigua (El Burro)

Estructura y zamuros

La exposición «Registro de territorio» reunió las fotografías de las acciones performáticas que el artista llevó a cabo en los lagos de Valencia y Maracaibo de 2011 a 2016. Este trabajo ha sido su aproximación más arriesgada en su investigación sobre los modos inéditos de estudio y representación del paisaje, ya que Brea revierte los parámetros básicos de la contemplación al hacer, en una primera instancia, que el entorno mismo deje su registro sobre el papel. Las acciones consistian en introducir una hoja de papel en varios puntos de los lagos y permitir que el agua dejara una mancha similar a un trazo de acuarela. Esta exposición formó parte de un proyecto de amplio aliento, que incluiría experiencias en otros cuerpos de agua, así como las acciones que se llevarían a cabo durante los recorridos y las visitas, y que no quedan registradas fotográficamente.

Registro de territorio 7. Punta Cabito, Guacara, Carabobo, 03/04/2012, 2016


Registro de territorio 6. Punta Palmita, La Cabrera, Carabobo, 20/03/2012, 2016

La obra de Hayfer Brea es reflejo de la perseverancia en la in­vestigación, en la búsqueda constante en nuevos medios, en el planteamiento de nuevas interrogantes plásticas y conceptuales, y en la problematización permanente acerca del quehacer artístico, inscrita dentro del marco de la vivencia urbana contemporánea. Como bien ha señalado Sandra Pinardi «[su trabajo] siempre se ubica en el límite de sí mismo, deviniendo otro, excediéndose y ampliándose, tensándose hacia el discurso [...] Habla acerca de la paradoja que constituye el artificio de la imagen, del hacer para la visión; una paradoja en la que el pensar [...] se muestra como materia y cuerpo, se hace línea y, en torno a ella, se dona como forma, imagen, documento, representación»[3].

 

© Katherine Chacón



[1] Caracas, la capital venezolana, se encuentra separada del litoral central por la cordillera de la costa. El cerro Ávila, parte de este conjunto montañoso, domina Caracas al norte como una enorme pared de piedra y vegetación.

[2] La Ganadera, como su nombre lo indica, estaba ubicada en los espacios de una antigua ganadera en ruinas. El Museo de Arte de Maracay Mario Abreu tenía proyectado construir allí su nueva sede, lo que nunca se concretó.

[3] PINARDI, S. (s/f) Variaciones en torno a una línea… 2007. Hayfer Brea. https://hayferbrea.blogspot.com/2009/12/variaciones-en-torno-una-linea-2007.html

Este texto fue posteriormente publicado en la revista Artishock bajo el título Hayfer Brea. La topografía como Leit Motiv