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| Natalie Rocha Capiello |
Hay obras que no se construyen desde la distancia reflexiva del análisis, sino desde ese ‘arcano’ de la creación que proviene de la experiencia íntima del artista. El trabajo de Natalie Rocha Capiello (Caracas, 1966) nace de lo vivido y lo sobrevivido, de lo superado y lo anhelado. En el cruce entre la herida personal, el impulso creativo y la necesidad vital de sentido, su recorrido artístico —trazado entre Venezuela y España— revela una práctica donde el arte no es solo forma y lenguaje, sino también una terapéutica para el alma que, en su caso, se entreteje con hilos y retazos, se fundamenta en la intuición y se convierte en una vía de autoconocimiento y sanación.
Desde su infancia marcada por
el duelo —la muerte de su madre, los conflictos intrafamiliares, la disolución
del hogar—, Rocha Capiello encontró en la creación una forma de sostén
emocional y de elaboración simbólica. Las telas desechadas por su abuela
costurera fungieron como materia prima para trazar su primer proyecto estético
y autoterapéutico: una muñeca de trapo que iba elaborando día a día, siguiendo
un plan trazado, como modo de gestionar la aflicción causada por la
intempestiva pérdida materna y hallar un asidero que le permitiera superarla.
La costura y la ejecución pausada de esa muñeca fueron, sin duda, su primer
refugio. Años más tarde, ese gesto de dar forma al duelo devendría en una obra
coherente, intuitiva, visceral y lúcida, profundamente anclada en la
experiencia corporal y psíquica femenina, y en la voluntad de sanar las heridas
fundacionales.
Así, siendo muy joven, la
artista comprendió que el acto de crear podía convertirse en un puente entre el
abismo y la vida. Lo que comenzó como una estrategia intuitiva para atravesar
el duelo, se transformó con el tiempo en un lenguaje complejo y expandido,
donde confluyen lo íntimo y lo colectivo, lo ancestral y lo presente. Su
formación artística —realizada en la Instituto Universitario de Estudios
Superiores de Artes Plásticas Armando Reverón (IUESAPAR) de Caracas— estuvo
marcada por la carencia, pero también por la subversión de la precariedad a
través de la invención. Su obra nació de una auténtica necesidad de expresión:
si no había pintura, había costura; si no había lienzo, había trozos de tela y
plástico recogidos en la calle. Esa economía de medios fue, a la vez, una
poética.
Para Rocha Capiello, la
costura no es, entonces, una técnica: es un acto de reparación. Cada puntada
anuda no solo materiales, sino fragmentos biográficos, vínculos perdidos, memorias.
A lo largo de su trayectoria, la artista ha explorado múltiples lenguajes —la
pintura, el dibujo, la fotografía, el bordado, el tejido, la instalación, la
performance—, pero acudiendo siempre a la matriz unificadora del textil. Coser,
para ella, es recomponer, entrelazar lo disperso, narrar con hilos lo que la
palabra no alcanza a decir.
Asimismo, el color rojo —y sus
tonos análogos: carmesí, granate, coral o púrpura— ha estado presente de manera
constante y dominante en su trabajo. Éste es mucho más que una elección
cromática: es un símbolo entrañable, un código afectivo, un hilo que enlaza la memoria,
a veces doliente, con una conciencia del cuerpo femenino y sus procesos
orgánicos. Cada matiz porta una vibración distinta, pero todos remiten a la
urgencia de sanar, a la necesidad de amar, al impulso por persistir. El rojo
adquiere, además, una dimensión ritual que otorga significado no solo a lo que
recubre, sino a lo que palpita adentro.
Tras emigrar a España en 2003,
su práctica se expandió hacia lo pedagógico —gracias a sus estudios de posgrado
en educación emocional y pedagogía del arte— al trabajar con infantes y mujeres
en situación de vulnerabilidad. Lejos de asumir una postura asistencialista, su
concepción del arte como vehículo de autoconocimiento y resiliencia la llevó a elaborar
métodos propios. Esta vertiente ha nutrido su producción, no como un apéndice
didáctico, sino desde la convicción ética de que el arte puede restaurar,
reconfigurar vínculos y abrir caminos de sentido.
La serie Entretelas
(2016–2019) marca un hito en la trayectoria de la artista. El título alude a
aquello que se oculta bajo la superficie, a las costuras invisibles que dan
forma y sostén a lo manifiesto. Mater (2016) es una de las piezas más
significativas en el corpus de la artista por su escala, materialidad y fuerza
simbólica. El nombre remite a la «madre» y, también, a la «matriz», ese
territorio del origen íntimo y arquetipal. Realizada con trozos de telas
recicladas cosidas a mano, la pieza despliega una superficie ondulante, una ola
textil de rojos, naranjas y violetas que evoca lo materno como una energía —y un
cuerpo— dispuesto a contener y abrigar.
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| Natalie Rocha Capiello. Mater, 2016 Telas recicladas cosidas a mano. 100 x 300 cm. (Detalle) |
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| Natalie Rocha Capiello. Mater, 2016 Telas recicladas cosidas a mano. 100 x 300 cm. (Detalle) |
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| Natalie Rocha Capiello. Mater, 2016 Telas recicladas cosidas a mano. 100 x 300 cm. (Detalle) |
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| Natalie Rocha Capiello. Mater, 2016 Telas recicladas cosidas a mano. 100 x 300 cm. |
En De tripas corazón.
Corazones sin coraza, pieza presentada en la Bienal de Venecia de 2019, la
artista articula una poderosa alegoría del desarraigo migratorio. La
instalación se compone de cientos de corazones confeccionados a mano —atados,
no cosidos— con telas desechadas, hilos, lanas y estambres, muchos de ellos
recolectados a lo largo de los años. Colgados sobre una estructura metálica que
remite a la tristemente célebre valla de Melilla —la frontera que separa
Marruecos de la ciudad española de Melilla, en el norte de África—, los
corazones se presentan como restos: rasgaduras sangrantes, heridas abiertas,
fragmentos de identidad que quedan en el camino. Rocha Capiello construye esta
obra desde su propia experiencia migrante, pero también a partir de una
investigación sobre las múltiples formas y condiciones del desplazamiento
forzado. El título, tomado de una expresión popular, sintetiza la paradoja que enfrentan
quienes deben recomenzar con lo mínimo, con lo que llevan dentro, con el dolor y
el miedo transformados en impulso de sobrevivencia.
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| Natalie Rocha Capiello. De tripas corazón, 2019. Instalación realizada con retazos de tela, ropa, lana. Medidas variables. (Detalle) 58° Bienal de Venecia |
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| Natalie Rocha Capiello. De tripas corazón, 2019. Instalación realizada con retazos de tela, ropa, lana. Medidas variables. (Detalle) 58° Bienal de Venecia |
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| Valla de Melilla (Foto: TSS Platform) |
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| Natalie Rocha Capiello. De tripas corazón, 2019. (Detalle) |
Esta poética del desgarro —de lo que ha sido roto y vuelto a unir— aparece también en obras como Anidarme o Mar en calma, ambas de 2023. Esta última posee el tono del duelo silente. La instalación, suspendida como una gran cortina o marea detenida, presenta una ‘escena’ en apariencia serena —corazones flotando sobre una superficie tranquila— que contrasta brutalmente con el trasfondo que la origina: la muerte de miles de migrantes en el mar Mediterráneo. Inspirada en una fotografía de la costa andaluza donde turistas toman el sol indiferentes a la tragedia que ocurre a escasos metros, Rocha Capiello construye una pieza que discurre entre el homenaje y la denuncia. Los corazones de tela flotan como cuerpos perdidos a la deriva. Algunos se desgarran, otros sangran hilos; caen fragmentos —quizás hijos— y forman un mar rojo que cubre el suelo. Mar en calma no alude a la paz, sino al velo que cubre el horror cuando se vuelve cotidiano. Así, la artista crea un contrapunto visual al bullicio de los medios. No representa la muerte: la honra. No denuncia con estridencia, sino que coloca su voz en el centro de lo humano.
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| Natalie Rocha Capiello. Anidarme, 2023. Instalación hecha de lanas, nylon y telas recicladas 200 cm Ø |
Junto a su obra textil, el
dibujo ocupa un lugar fundamental en su práctica. Rocha Capiello cultiva el
dibujo automático como forma de conexión con el inconsciente, permitiendo que
la dimensión espiritual se haga presente. En la serie Ofrenda (2023),
compuesta por dibujos en tinta china, la línea sigue una pulsión mandálica, una
necesidad de centro, de orden secreto. Lo mismo ocurre en los bordados de la
serie Duermevelados (2023), realizados en servilletas de tela. En estas
piezas, cada puntada ha sido ejecutada en un estado de contemplación. La
artista describe este proceso como una danza entre el yo consciente y una
fuerza superior que la asiste: «es como si trabajara a cuatro manos», afirma, «una
parte mía está presente, pero otra se deja guiar por lo que se manifiesta». Las
composiciones evocan formas orgánicas —células, flores, heridas, semillas— en
una reiteración que alude a lo cíclico y vital.
| Natalie Rocha Capiello. Dibujos de la Serie Ofrenda, 2023. (La serie consta de 60 piezas) Tinta china sobre papel. 12 x 12 cm |
| Natalie Rocha Capiello. Duermevelados, 2023 Bordados a mano realizados en servilletas de tela 40 x 40 cm. |
La obra de Natalie Rocha
Capiello está íntimamente entrelazada con su vivencia de lo femenino como hija,
madre, esposa, guía y creadora. Hecha de tiempo, de cuidado, del gesto amoroso
que remienda lo roto, no hay en ella una voluntad de ilustrar el dolor, sino de
transmutarlo con valor e integridad. El arte, aquí, no es catarsis, sino
alquimia. Desde esa conciencia, se manifiesta como un gesto de amor radical
hacia sí misma, hacia los otros y hacia la vida.
© Katherine Chacón
Otras obras de la artista:
| Natalie Rocha Capiello. Serie Bordando el tiempo, 2016 Tapices cosidos y bordados a mano con tela reciclada. 30 x 30 cm. |
| Natalie Rocha Capiello. Serie Hilos, 2023 Acrílico sobre tela. 20 x 20 cm |
| Natalie Rocha Capiello. Serie Punto-Línea-Trama, 2023 Dibujos automáticos hechos en acrílico sobre papel Kraft. 40 x 40 cm |
| Natalie Rocha Capiello. Des-arraigo, 2023 Instalación de lanas y telas recicladas. 200 x 300 cm |





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