21 de junio de 2026

«El arte lo contiene todo». Entrevista con Mayra Alpízar

Mayra Alpízar (derecha) y Katherine Chacón durante la inauguración de la exposición
«Mayra Alpízar. Textile, Intimate Matter»,
realizada en el Miami International Fine Artes (MIFA), junio-julio, 2026.


Katherine Chacón: Mayra, la mayoría de las piezas que se exhibirán en esta muestra fueron hechas en Cuba…

Mayra Alpízar: Sí. En Cuba yo trabajé mucho como artista de manera profesional. Tuve el coraje de hacerlo y también el apoyo de algunas personas importantes en mi vida. Pero cuando me fui de Cuba todo se me trastocó. Para mí, el exilio —o la emigración— fue como si me cortaran el hilo de la creatividad: me rompió toda la motivación y la ilusión que tenía dentro. Tuve que reinventarme, sobrevivir, hacer trabajos que nunca pensé que haría. Siempre fui una profesional del arte, trabajé de maestra, impartí talleres, fui especialista en la galería de arte de Matanzas y siempre creando a la par. Salir de Cuba me sacó de mi camino y hasta de mí misma en cierta medida.

K. Ch.: ¿Y por qué decidiste crear textiles?

M. A.: Cuando me gradué en la Escuela Nacional de Artes de La Habana, estaba trabajando el collage. Mi tesis la hice en gran medida con esa técnica porque me gustaba —y me gusta— mucho. Permite la improvisación, incluir diversos materiales y texturas; es muy libre, te da para hacer lo que quieras… me atraía mucho por las amplias posibilidades que ofrece. Al mismo tiempo, por aquella época en Cuba empezó un movimiento para promover la artesanía y se comenzaron a trabajar estas cosas con textiles, arpillera, el patchwork, etc. A mí me gustó ese material, sus calidades, su calidez y la cercanía por su condición de uso.

K. Ch.: Pero viendo la destreza que tienes con las prácticas textiles —como el bordado, el cosido a mano, entre otras— me pregunto si antes de este momento habías tenido alguna formación al respecto…

M. A.: De niña aprendí todo eso. Vivía en el campo, en un batey de un ingenio azucarero, era fácil aburrirse en las vacaciones y yo tenía mucha curiosidad por aprender y lo hice mirando a mi tía Anita que era un ser muy especial, que sabía bordar, tejer y tenía todas esas habilidades manuales. En casa de mi abuela, me sentaba a su lado, en un silloncito y me extasiaba mirando cómo hacía aquellas cosas tan bonitas; así aprendí a tejer, a bordar, a coser a mano. Por eso cuando retomé el textil, ya adulta, se me hizo familiar y me ayudó mucho en la búsqueda de un lenguaje visual. Todas estas circunstancias empezaron a converger y, en algún momento sentí que el textil es un material como cualquier otro, con posibilidades expresivas y un sentido en sí mismo.

K. Ch.: ¿En qué época fue esto exactamente?

M. A.: Yo me gradué en 1979 de la Escuela Nacional de Artes de La Habana y, en el ’80 —o a finales del ’79— me fui a vivir a Matanzas y a dar clases de pintura en la Escuela de Artes.  Casi enseguida empecé a preparar las condiciones básicas para crear. En la casa hice una mesa con una puerta que me regalaron, y empecé a pintar con tintas, hice autorretratos, luego collages, hasta que me topé con las telas. Al principio hice trabajos pequeños, sencillos, decorativos, y sobre la marcha empecé a encontrar sentidos, herramientas para expresarme. La poesía me ayudó muchísimo. Recuerdo unas obras en las que incluí versos de poetas, algunos de los Versos sencillos de Martí, al que he leído mucho y con fruición. Luego, poco a poco, fui vislumbrando, desbrozando el camino… trabajando siempre, creando imágenes con lo que percibía, de lo que iba sucediendo y me motivaba, con lo que me conmovía y aún me conmueve.

K. Ch.: Cuando comenzaste con los textiles en Cuba, ¿ya se percibía un interés creciente por estas prácticas dentro del arte contemporáneo, o fue una exploración más bien personal?

M. A.: A Cuba no llegaba mucha información y yo vivía en Matanzas. El que vivía en La Habana podía estar más conectado, pero yo estaba en provincia, criando a mi hija prácticamente sola. Del textil conocía la artesanía; ni idea tenía de que se estaban haciendo obras extraordinarias con textiles en muchas ciudades del mundo y que había un movimiento muy fuerte —que fue considerado un boom—sucediendo en esos mismos años.

K. Ch.: Claro, esa reivindicación que en los años setenta hicieron las artistas feministas de las labores tradicionalmente asociadas a la mujer…

M. A.: Sí. En Barcelona, en España, y en otros países de Europa y también de América tuvo un apogeo muy notable. Pero, como te digo, yo de todo eso me enteré después.

K. Ch.: O sea que tu acercamiento al textil fue totalmente espontáneo.

M. A.: Sí, fue un caminito que fui haciendo buscándome a mí misma. Digamos que junté junté el collage tradicional con el collage textil o patchwork…

K. Ch.: Entiendo, porque el textil en cierta forma se asemeja al collage. Cuando haces patchwork, por ejemplo, esa superposición de telas…

M. A.: Sí, es componer con retazos y se me hizo viable, por decirlo de alguna manera. Sentí que estaba expresándome, que podía decir cosas que me resonaban.

K. Ch.: Toda tu obra tiene que ver con una visión de lo femenino que toma como referencia tus vivencias personales o las de mujeres cercanas a ti… ¿cierto?

M. A.: Mis vivencias, mis sentimientos, mis emociones contaron mucho en cada momento y me dieron pie para crear imágenes… Todo ha salido de un modo muy orgánico, natural. Por eso, cuando me fui de Cuba, sentí que se cortó ese hilo dorado y frágil con el que iba «escribiendo y contando» cosas… En el exilio todo es nuevo, todo es diferente, la gente es distinta, y las motivaciones que tenía antes se enfrían, se desvanecen. Es muy fuerte. A mi se me posó una tristeza muy honda que me hizo mucho daño y tuve que ir mentalizándome de a poco.

K. Ch.: También veo que el tema de las relaciones —de los conflictos y desencuentros que suponen las relaciones afectivas— es una constante en tu obra…

M. A.: Por lo general, cuando se tratan temas de relaciones íntimas o de pareja se asumen con cierta ligereza, como un asunto trillado y hasta banal; yo intento mirar desde otros ángulos y de otra manera. En realidad, casi todo está dicho, lo que cambia es la forma de decirlo. Pienso mucho en las soluciones, en la parte formal, porque es esencial, porque se trata de construir imágenes.

Tampoco es que lo íntimo se refiera únicamente a las relaciones de pareja. En muchos casos son las relaciones sociales en general las que me motivan. Hay situaciones que me sacan de mi misma, circunstancias que lastiman y de las que los cubanos sabemos particularmente.  

El tapiz que hice sobre mi padre [Tan azul como tu cielo, 1999] fue el primero con el que miré más hacia afuera. No es que antes no me cuestionara lo que pasaba o estuviera de acuerdo con el estado de las cosas que me rodeaban, pero ese fue el momento en el que reaccioné en ese sentido. Hice un viaje a Nicaragua, invitada a exponer en la Embajada de Cuba en Managua. Llevé mis obras con mucha ilusión, y allá me robaron tres tapices. Fueron ellos mismos, los de la embajada. A pesar del paripé que armaron, cualquier duda queda descartada porque en una embajada hay mucha seguridad. Además, personas nicaragüenses me comentaron las claves que yo no quería ver. Entonces yo era muy inocente… Fueron por las tres obras más importantes del conjunto, a las que había llegado después de mucho trabajo y de mucha búsqueda. Fue muy desagradable, porque además se portaron horriblemente. Pensé: voy a un sitio donde se supone que me van a proteger y mira lo que me hacen… ¿en dónde estoy parada? Ese fue un golpe inmenso. Yo estaba desesperada. En algún momento pensé poner una denuncia. Un funcionario del Ministerio de Cultura llegó a decirme que cómo iba yo a denunciar a un diplomático, con lo difícil que había sido para ellos llegar a ese puesto, ¡que podía repetir los tapices, dijo! Fui a ver a un abogado, pero me di cuenta de que aquello no tenía sentido, de que no iba a llegar a ningún lugar, y para entonces el desgaste que yo sentía ya era demasiado. Afectó mi salud y tenía que parar.

Con todo lo que me había revelado el incidente del viaje me sobrevino una enorme tristeza por mi padre, en primer lugar, y por tantos como él que se entregaban absoluta e inocentemente a un proyecto falso desde la raíz: sentía mucho dolor al pensar que toda la entrega de mi padre había sido por una mentira, que en realidad todos esos funcionarios eran unos canallas.

En el retrato de mi padre, él aparece sentado encima del ingenio al que dedicó su vida, así medio surrealista, con su camisa de diario. Fue un retrato que quedó muy bien, porque lo hice con mucho cuidado y con mucho amor. Primero le hice una foto a él, en la casa, en el cuarto donde tenía sus cosas. En el tapiz puse todo lo que fue su mundo: fotos de la familia, una palmera, la mariposa blanca, un cielo azul, una ficha de dominó, que era lo que él jugaba; una jaula, porque le encantaban los pajaritos… cosas así. Ese tapiz yo lo guardo como una reliquia. Ese fue el comienzo de mi narrativa más social, digamos.

Tan azul como tu cielo, 1999
Patchwork y bordado
160 x 101 cm

El título proviene de una canción muy conocida en Cuba, que era casi como un himno y una alabanza hacia Cuba como un paraíso, el que pudiera ser y no es:

«Oye, tú que dices que tu patria no es tan linda,
tú que dices que lo tuyo no es tan bueno,
yo te invito a que busques por el mundo
otro cielo tan azul como tu cielo»...

K. Ch.: Hablemos de algunas de las piezas exhibidas, ya que en tu caso cada obra cuenta una historia. La pieza más temprana del conjunto exhibido es Tres meses de gracia, de 1990, un políptico que hiciste a manera de diario.

M. A.: Esa obra fue resultado de una relación afectiva que duró solo tres meses. Una relación muy corta pero, para mí, muy importante entonces. Cuando terminó, en medio del desplome de las ilusiones que conllevan esos finales, pensé en narrar, a modo de terapia, cómo habían sido aquellos tres meses, y para ello usé elementos gráficos muy de estilo pop, con los que fui «narrando» cómo fue cada día: la noche y el día, los siete días de cada semana, las trece semanas.

Tres meses de gracia, 1990
Patchwork, bordado y rotulador
300 x 500 cm

K. Ch.: También usaste textos…

M. A.: Utilicé textos de Rabindranath Tagore, porque en aquel momento yo lo leía mucho y algunos de sus versos resonaban muy bien con mis emociones, casaban con mi estado de ánimo. Así que en algunos casos suplí las imágenes con los textos, y eso conplementaba la obra.

K. Ch.: En algunos casos dejas la tela sola, sin imagen ni texto… como refiriendo un vacío… y con colores muy neutros.

M. A.: Seguramente ese día no sucedió nada importante o fue un día triste… 

K. Ch.: El tema erótico para ti es igualmente importante. Háblame de la obra titulada Altar (1995).

M. A.: El tema es erótico, efectivamente, aunque el sentido no lo es tanto. Esa es la puerta del mundo, la puerta de la vida, y es un lugar sagrado, por tanto.

Altar, 1995
Patchwork y bordado
159 x 110 cm

K. Ch.: ¿Y Composición en triángulo (1996)?

M. A.: La historia de esa pieza refiere a un momento en el que hubo una relación de tres, que a veces pasa. Trata de eso: un triángulo amoroso.

K. Ch.: De esta pieza me encanta el fondo, como inspirado en De Chirico, y el hecho de que un amante sea blanco, luminoso, y el otro oscuro.

Composición en triángulo, 1996
Patchwork y bordado
185 x 90 cm

M. A.: Sí, es un paisaje de Giorgio De Chirico que tiene una atmósfera surreal y me encanta. También fue un reto técnico para mí. Hay una figura que es prácticamente una silueta hecha en líneas. Sin embargo, la otra está más detallada y las tres tienen soluciones técnicas diferentes. 

K. Ch.: La pieza Los amantes (2000) es también muy compleja, tiene muchas lecturas…

M. A.: Ese tapiz surge en un momento en que yo estaba leyendo sobre la cultura egipcia y me topé con la historia de Akenatón y Nefertiti, que fueron unos gobernantes muy incomprendidos porque tenían otra visión religiosa diferente de la que dominaba. Querían instaurar el monoteísmo en una potencia como lo era Egipto entonces, donde había una clase clerical que mandaba más que los faraones y que hizo lo imposible por acabar con ellos.

Los amantes, 2000
Patchwork y bordado
201 x 90 cm

Yo estaba muy motivada con esa lectura y, a la par, hubo una situación que me tocó de cerca, con una persona muy querida que estaba viviendo una relación muy incomprendida y complicada. Entonces fusioné esa unión de dos parejas —la egipcia y la contemporánea— que, a pesar de las distancias entre ambas, padecían situaciones muy parecidas, porque son parte dela vida humana donde quiera que exista esta. Y tuve la suerte de que esta pareja pudo posar para mí. Es una obra un poco barroca, tiene muchísimo trabajo artesanal, pero me gustó el resultado final.

K. Ch.: Aplauso (2010) es una de las piezas que realizas ya fuera de Cuba y tiene la particularidad de que es un bordado… es muy dibujística.

M. A.: Con esa obra me quise referir a un fenómeno que nos suele suceder mucho a las mujeres en las relaciones de pareja. Cada vez pasa menos, pero pasa. Las mujeres inteligentes, intelectuales, profesionales o muy talentosas, suelen asustar a algunos hombres, y otra veces ellas mismas terminan anulándose, como le pasó a Camille Claudel, la pareja de Rodin, por solo citar un ejemplo. He escuchado muchas historias de casos así y a mí misma me ha pasado alguna vez. Creo que la imagen tiene fácil lectura y hasta un poquito de humor.

Aplauso, 2010
Bordado a mano
164 x 81 cm

Esta pieza la hice en España. En esa fecha, 2010, estaba en Cádiz, y allí la hice sorteando muchas limitaciones, pero ya la tenía en mente desde Cuba.

K. Ch.: Para Mandorla (2018) usaste una imagen de tu hija, ¿verdad?

M. A.: Mi hija me posó para esta pieza (y no fue la primera vez). Yo quise hacer una mandorla moderna, una reescritura contemporánea de ese elemento medieval que, casualmente, puede parecer una vagina, pero mi intención era trabajar la idea de la mandorla, en vez de con Cristo sufriente, con una representación de la vida, la plenitud, y la alegría.

Mandorla, 2018
Patchwork, bordado y aplicaciones
143 x 100 cm

Mandorla del Frontal del Altar de Farrera, siglo XIII
Temple sobre tabla con acabados de oro
Museu Nacional d'Art de Catalunya, Barcelona

Usé una tela de paño. Yo tengo una colección de botones dorados que me vino
muy bien porque es un color muy propio del arte medieval, y de esos tenía suficientes. Esta la hice en Burgos.

K. Ch.: Háblame un poco de Interior con naufragio (2000).

M. A.: Hay una obra clásica del arte cubano, de Amelia Peláez, que se titula Interior con columnas (1951). Es un cuadro precioso. Entonces, trayéndolo un poco «por los pelos» —el título, porque formalmente no tiene nada que ver con la obra de Amelia—, se lo tomé «prestado», lo cual también es una alusión. La ola de Hokusai, que es tan bella, me la apropié porque de ella me interesa el naufragio que está sucediendo y que me remite a otros naufragios como el de mi país y el que sucede dentro de los hogares o de la familia…

Interior con naufragio, 2000
Patchwork y bordado
191 x 103 cm

Amelia Peláez                                                                                                     Katsushika Hokusai
Interior con ventana, 1951                       La ola (La gran ola de Kanagawa), entre 1830 y 1833
Óleo sobre tela                                                                                                  Impresión xilográfica
Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana                                                       
                         

K. Ch.: La figuración del tapiz titulado La demasiada luz (2003) es bastante peculiar; digamos que se sale un poco de lo que venimos viendo en tu estilo. Me imagino porque remite a la obra de esa artista tan expresionista que fue Antonia Eiriz.

M. A.: Antonia Eiriz fue una artista cubana brutal, buenísima, venerada por sus alumnos y por los artistas en general; fue maestra en Cubanacán, una excelente maestra, según me dicen, y una artista que, para mí, es la que más alto ha llegado en las artes plásticas cubanas. Expresionista y contestataria, diríamos hoy, porque yo creo que en los años sesenta y setenta ni siquiera se usaba ese término. Ella creaba libremente, y en aquellos años el tema político era omnipresente en Cuba (como siempre ha sido) a la par que tabú si se cuestionaba el régimen. Su obra tiene mucha fuerza y alude a la realidad e aquellos años y a la onmipresencia del líder.

Antonia Eiriz

Ella había tenido poliomielitis y cojeaba. Creo que trataron de sacarla de circulación y echaron mano de toda la crueldad que sabemos, hasta el punto de decir que su pintura era grotesca porque ella era un ser grotesco. No tengo claro si la sacaron de la escuela de artes o si decidió irse, pero el hecho es que hasta dejó de pintar y se dedicó a enseñar a la gente de su barrio a hacer papier mâché y creó un movimiento muy lindo en su barrio que se recuerda hasta el día de hoy.

La demasiada luz, 2003
Patchwork y bordado
140 x 89 cm

Al cabo de los años vino a Miami, y murió aquí. Su obra es formidable. Aquí vi por primera vez unas cabezas en papier mâché, en una exposición suya que hizo el Museo de la Diáspora Cubana. Había también cuadros —algunos los conocía y otros no—, pero las cabezas de papier mâché no las había visto nunca. Ella hizo también esculturas con telas, palos… «estaba fuera de liga». Fue extraordinaria. No creo que mi obra esté a su altura ni mucho menos, pero quise honrar su memoria y su legado.

Antonia Eiriz
La Anunciación, 1963-1964
Óleo sobre tela
Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana

El título La demasiada luz me gustó porque ella es, sin duda, una figura luminosa del arte cubano y porque tuvo la suficiente visión, muy temprana, de vislumbrar el error que era en sí misma la revolución cubana. Es un verso de En la calzada de Jesús del Monte, un poema de Eliseo Diego:

«En la calzada más bien enorme de Jesús del Monte
donde la demasiada luz forma otras paredes con el polvo
cansa mi principal costumbre de recordar un nombre…».

K. Ch.: Noto que tu obra ha sido muy influenciada también por la poesía, desde tus inicios…

M. A.: Sí, he leído mucha poesía, ha sido muy importante para mí. Tengo muchos amigos poetas y siempre estuve de alguna manera relacionada con la literatura. El arte lo contiene todo... Leí mucho a Vallejo, a Neruda, a Martí, a Lorca, a Whitman…

K. Ch.: También has tomado inspiración de muchas fuentes de la historia del arte… como en La Virgen del árbol seco (2004), por ejemplo.

M. A.: La Virgen del árbol seco es una obra de Petrus Christus, un artista flamenco de finales del gótico y comienzos del Renacimiento. Es un cuadro pequeñito, creo que pintado sobre madera, que vi en el Museo Thyssen-Bornemisza en Madrid y me llamó mucho la atención. Aquella virgen tiene un manto rojo y está dentro de un árbol de ramas secas. Enseguida hice la transposición: el árbol seco… Cuba es un árbol seco, Cuba ya no da frutos. Entonces tomé esa imagen, la reelaboré y sustituí a la virgen por la Virgen de la Caridad del Cobre, que es nuestra patrona. El fondo también es diferente. Usé una técnica un poco distinta, menos ortodoxa, buscando efectos y texturas con más volumen. Las letras «A», que cuelgan de las ramas, están en la obra de Petrus; pienso que son las Ave Marías, porque creo que esa obra era una tablilla de rezo.

La Virgen del árbol seco, 2004
Patwork y bordado
133 x 88 cm

Petrus Christus
La Virgen del árbol seco, ca. 1465
Óleo sobre tabla
Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid

K. Ch.: Háblame de cómo surgió la idea de los delantales…

M. A.: Empecé la serie con el delantal de la reja, [Dulce hogar, 2005]. Lo hice como un trabajo más y un formato diferente, pero el delantal como objeto me permitía decir más cosas... así que uno me llevó al otro, y al otro, y terminó siendo una serie de ocho que titulé Si Aristóteles hubiera guisado.

Dulce hogar, 2005
Patchwork y atresso
70 x 50 cm aprox.

K. Ch.: Y en ellos te sales del formato tapiz, ya que trabajas con un objeto intervenido…

M. A.: Exacto. El delantal es algo que se usa para protegerse de la suciedad y tiene el sentido de lo doméstico en sí mismo

Luego elaboré el de los cortes [¡Unos cuantos piquetitos!, 2005]; entonces me percaté de que los recursos de la costura tenían un lenguaje visual que podía ser muy metafórico.

¡Unos cuantos piquetitos!, 2005
Patchwork y cortes de navaja
70 x 50 aprox.

Frida Kahlo
Unos cuantos piquetitos, 1935
Óleo sobre metal
Museo Dolores Olmedo Patiño

Eso se ve muy bien en esta obra, que trata de la violencia doméstica. Lo resolví con varios cortes sobre el trabajo cuidadosamente terminado. Es un tema muy tratado por su desgraciada proliferación aún hoy y lo expresé de esa manera y a través de medios cercanos y propios de la costura.

Esa frase, «Unos cuantos piquetitos», la tomé «prestada» de Frida Kahlo, que es perfecta por el cinismo que encierra. 

Por esos años yo estaba leyendo a Sor Juana Inés de la Cruz. Hay una carta que ella escribe en su defensa porque querían prohibirle escribir; es bellísima y muy conmovedora. En ella hay un párrafo en que cierra sus argumentos diciendo: «Si Aristóteles hubiera guisado mucho más hubiera escrito», porque el conocimiento es un derecho y está en todas partes si sabemos ver. 

K. Ch.: El delantal llamado En celo (2005), hecho con broches… es un poco abstracto…

M. A.: Bueno, es una representación del chakra de la sexualidad, que está en ese lugar, entre el ombligo y el pubis, como dos dedos debajo del ombligo. Sabía algo sobre ese mundo de las energías; tenía amigas que estaban en eso y conversábamos al respecto.

En celo, 2005
Broches de presión sobre tejido de pana
70 x 50 cm aprox.

Los broches, que son otro elemento propio de la costura, los puse en función de la idea del celo; ese momento especial en que estamos dispuestas para recibir la fecundación. El broche de presión tiene una parte macho y otra parte hembra, y es la hembra la que uso en este delantal, por razones obvias.

Siempre he tenido mucha ayuda del padre de mi hija, Juan Antonio Carbonell, y es momento de reconocerlo; él vivía en España y muchos de los materiales que tuve el privilegio de usar en Cuba, donde casi no había nada, fue gracias a su solidaridad y empatía. Así fue que conseguí esos broches dorados de diferentes tamaños, por solo mencionar un ejemplo...

K. Ch.: Y Memoria (2005) es un bellísimo trabajo, muy íntimo…

Memoria, 2005
Costura y aplicaciones de objetos personales
70 x 50 aprox.

M. A.: Las mujeres solemos tener esa vocación de proteger y cuidar en general, y en particular, de atesorar la memoria nuestra y de la familia. Guardamos esas cosas insignificantes para otros pero muy especiales para nosotras, porque formaron parte de un momento especial o un hecho significativo. Así es que todo lo que hay en ese delantal son pequeños recuerdos que atesoro con especial aprecio: rizos de mi hija, la primera tarjetica que me hizo el día de las madres, un billete de Nicaragua, una carta de una amiga, el «Te quiero» de un novio, un telegrama, pedacitos de hojas secas, un sobrecito de azúcar de la primera vez que desayunamos con unos amigos en Cádiz...

K. Ch.: Quizás la obra de sintaxis más contemporánea del conjunto sea Avío de pesca (2004-2012), porque allí prevalece el concepto…

M. A.: Está hecha con sujetadores de amigas y vecinas. La obra la hice en Cuba: la empecé allí y luego, en España, le agregué algunos más de otras amigas españolas. Pero en Cuba, imagínate, ¿cómo vas a conseguir sujetadores nuevos? ¡No se puede! Es muy difícil, porque la gente vive en la precariedad. Entonces empecé a pedirles a mis amigas de los que ya no les hicieran falta, aunque estuvieran un poco rotos, y tuve una respuesta tan bonita, porque todas contribuyeron. Por ejemplo, una que era la que más tenía me dio como cinco o seis, porque habían sido de su hija adolescente y con el tiempo le habían quedado pequeños. Y una vecina, una señora mayor, también me dio de los suyos y de su hija. Eso me emocionó mucho porque no se le da una prenda íntima y usada a cualquiera, y fueron gestos de confianza y credibilidad que todavía aprecio y agradezco. También siento que el hecho de haber pertenecido a mujeres reales le agrega un valor especial a ese avío. 

Avío de pesca, 2004-2012
    Ensamblaje de sujetadores usados por amigas y vecinas
220 x 180 cm


La obra la pensé un poco desde el humor. Me divertí muchísimo haciéndola y creo que el título contiene ese sentido. El ajustador o sujetador es un objeto fetichista, pero además es utilitario y también muy propio de la coquetería femenina.

K. Ch.: Tienes en la exposición dos piezas tridimensionales: Alfiletero y Yurisleydis, ambas de 2005…

M. A.: El Alfiletero es un elemento con un valor de uso en el oficio de la costura. Es un objeto utilitario concebido para soportar pinchazos, para facilitar el trabajo de un ajeno, y esto es en sí mismo un símil que existe dentro del contexto doméstico.

Alfiletero, 2005
Telas cosidas y relleno
15 x 30 x 20 cm

La muñeca grande se llama Yurisleydis, y es el título de la obra porque ese nombre fue muy típico de los años noventa en Cuba; por ese entonces, la gente empezó a inventar nombres con «Y» y eso se puso de moda. Fueron también los años del llamado, eufemísticamente, «Período Especial», de la primera gran hambruna en Cuba, cuando por lo mismo y entre otras tantas calamidades, surgieron las «jineteras». Estas eran (y aún son) muchachas jóvenes, también varones, adolescentes; menores de edad, estudiantes e incluso profesionales con una carrera hecha y bien llevada, pero cuyos salarios no les alcanzaban para sobrevivir y tuvieron que decidir entre la prostitución o morirse de hambre ellas y sus familias. Sin duda, una elección de vida muy dura.

Yurisleydis, 2005
Telas cosidas y relleno de guata
Tamaño natural

Por eso Yurisleydis está cosida burdamente. La rellené con lo que fui encontrando, porque en aquel momento en Cuba no había nada. Para mí, la desnudez casi nunca se trata de erotismo; cuando pongo una mujer desnuda estoy exponiendo su vulnerabilidad, su falta de protección, el hecho de tener que enfrentarse a todo sin ninguna defensa, porque en Cuba no hay protección para nadie, menos para las mujeres. El oficio de jinetera, en ese contexto, es una elección muy fuerte, sobre todo para alguien que nunca lo tuvo en mente. Yo creo que la prostitución puede ser una profesión como cualquier otra si se asume naturalmente, pero que se tenga que rehacer todo el sistema emocional, físico e intelectual de una persona y ponerlo en función de una necesidad básica y riesgosa, es terrible. Así se hizo… y se hace aún.

K. Ch.: Hablemos de los Paños grises.

M. A.: Esta fue una serie que comencé en Cuba pero que di por terminada aquí en 2024, porque no me terminaban de gustar las soluciones que entonces le daba. Así que las guardé como si fueran bocetos. Aquí, a poco de establecerme y tratando de retomar el hilo de la creación, los desempaqué y reelaboré. Iban a ser siete y al final quedaron cinco. 

Para mí, los títulos siempre son importantes. En el caso de Niké y Amazona son muy particulares. Con Amazona vuelvo a tema de la «jinetera», que es un fenómeno que duele como mujer, como cubana, como persona simplemente. Niké tiene que ver con el tema de los hijos, que experimenté personalmente cuando mi hija se fue del país y pensé que no la iba a ver nunca más. El título me gustó porque ella está como en la proa de un barco, aunque el viaje es hacia abajo, porque se está hundiendo. El ruido es el comienzo del drama de aquellos años, cuando todo se empezó a podrir, cuando empezó la crisis. Porque hasta entonces aún teníamos esperanza de que podíamos tener una vida mejor. De alguna manera fue como el fin de la fiesta.

Niké/Amazona/El ruido, 2024
Patchwork y bordado
96.5 x 63.5 cm




Entrevista con Mayra Alpízar por Katherine Chacón, realizada en Miami, el 6 de marzo de 2026, con motivo de la preparación de la exposición antológica «Mayra Alpízar. Textile, Intimate Matter», Miami International Fine Arts (MIFA).

13 de junio de 2026

Patricia Calero. Movement in Suspended Time

 (Español-English)


Patricia Calero

En un momento en que el arte textil ha recuperado relevancia indiscutible dentro del panorama contemporáneo —ya no como práctica periférica, sino como campo de investigación formal y conceptual— la obra de Patricia Calero propone un acercamiento que articula la abstracción geométrica con los fundamentos del tejido. Sus composiciones no se limitan a incorporar materiales asociados al ámbito textil, sino que operan desde la lógica misma de la trama y la urdimbre: tensión, entrecruzamiento, repetición y estructura. Las cintas de nylon y polipropileno, dispuestas con precisión sobre el lienzo, activan una superficie que remite al telar como matriz originaria, trasladando al plano una memoria que pertenece tanto a la tradición artesanal como a la modernidad abstracta.


Este diálogo se intensifica cuando la obra se sitúa en relación con el legado del cinetismo latinoamericano. La investigación moderna en torno a la percepción dinámica encuentra en la propuesta de Calero una relectura contemporánea. Para el contexto venezolano, la impronta de figuras como Carlos Cruz-Diez resulta ineludible. Su obra redefinió la experiencia del color como fenómeno en constante y vibrátil mutación. Como en las Fisicromías de Cruz-Diez, en Calero, la transformación también acontece en la mirada, pero a través de la imbricación de cintas amplias que desarticulan el choque intensamente vibratorio. Sus repeticiones introducen, a veces, inflexiones y curvas, y el color se va modulando lentamente en la calma de las gamas terciarias. De este modo se configura una experiencia cinética pausada, donde el cambio no irrumpe sino que se insinúa desde la lentitud y la atención sostenida.


Patricia Calero. Time in the Fog, 2026
Cintas de nylon y polipropileno sobre lienzo - Nylon and polypropylene ribbons on canvas

"Patricia Calero. Movement in Suspended Time". Vista de sala-Exhibition View
Miami International Fine Arts (MIFA), Miami, 2026.

Así, Movement in Suspended Time, introduce una reflexión sobre nuestra relación con el tiempo. Como señala Calero, su trabajo propone una pausa consciente dentro del ritmo acelerado y pertinaz de la ciudad, invitando a habitar el tiempo, a detener la mirada y a permitir que esta se convierta en un evento verdaderamente sensible. Esta idea se materializa en estas armoniosas composiciones que permiten la coexistencia de una estructura rigurosa y cambios sutiles —luces, sombras y matices que aparecen y se ocultan— generados por las tensiones y torsiones de las cintas en relación con el desplazamiento de quien las observa, y el atinado uso de las sobrias gamas propuestas por la artista.

Patricia Calero. Silent Selva I, 2025 / Silent Selva II, 2025 / Silent Selva III, 2025
Cintas de nylon y polipropileno sobre lienzo - Nylon and polypropylene ribbons on canvas

Las piezas aquí reunidas convocan a la contemplación y a dejar que el tiempo transcurra en el gusto del mirar, sin la urgencia de lo pendiente o de lo que vendrá; abren un espacio de presencia que nos reconecte con una dimensión más genuina de nosotros mismos, esa que suele diluirse en la prisa y la distracción.


Katherine Chacón
Curadora


Patricia Calero. Movement in Suspended Time

At a moment when textile art has regained a strong presence within contemporary practice—no longer as a peripheral medium but as a field of formal and conceptual inquiry—Patricia Calero’s work brings geometric abstraction into dialogue with the logic of weaving. Her compositions do not simply incorporate textile materials; they operate from the structural principles of warp and weft: tension, interlacing, repetition, and order. Nylon and polypropylene ribbons, precisely arranged on the canvas, activate a surface that evokes the loom as an originating matrix, translating into the work a memory shared by both artisanal tradition and modern abstraction.

Patricia Calero

This dialogue becomes particularly resonant in relation to the legacy of Latin American kinetic art. Modern investigations into dynamic perception find in Calero’s work a contemporary inflection. Within the Venezuelan context, the influence of artists such as Carlos Cruz-Diez is unavoidable. Like his Physichromies, Calero’s compositions unfold through the act of looking. Yet here the interweaving of broader ribbons tempers the intense optical vibration characteristic of kinetic art. Repetitions introduce subtle curves, and color shifts gradually within restrained tertiary palettes. The result is a quieter kinetic experience, where change emerges slowly through attentive viewing.

Patricia Calero. Suspended Roots, 2026
Cintas de nylon y polipropileno sobre lienzo - Nylon and Polypropylene ribbons on canvas

Movement in Suspended Time ultimately reflects on our relationship with time. As Calero suggests, the work proposes a conscious pause within the persistent rhythm of the city—an invitation to slow the gaze and allow perception itself to become a sensory event. This idea materializes in these harmonious compositions, where rigorous structure coexists with subtle shifts of light, shadow, and tone. These variations emerge from the tensions and torsions of the ribbons as the viewer moves before them, as well as from the artist’s restrained and carefully calibrated palette.

Patricia Calero. Gravity of Leaves, 2026 / Falling Leaves, 2026
Cintas de nylon y polipropileno sobre lienzo - Nylon and Polypropylene ribbons on canvas

The works gathered here invite contemplation. They allow time to unfold in the simple act of looking, free from urgency, opening a space of presence that reconnects us with a quieter and more attentive dimension of experience.

Katherine Chacón
Curator



Patricia Calero (Valencia, Venezuela, 1985) es una artista multidisciplinaria cuya práctica explora la relación entre el movimiento, el tiempo, el espacio y la percepción. Autodidacta y cercana a los lenguajes del arte cinético y la abstracción geométrica contemporánea, su trabajo dialoga con la tradición venezolana representada por maestros como Carlos Cruz-Diez y Jesús Soto. Influenciada también por la estética y la filosofía japonesas, incorpora materiales y principios del ámbito textil para desarrollar composiciones que generan dinámicos procesos de transformación visual a partir del ritmo, la repetición y el color, así como de sutiles efectos de luz y sombra que se activan con el desplazamiento del espectador. Su trabajo ha sido presentado en diversas exposiciones y ferias internacionales, particularmente en Estados Unidos, donde ha desarrollado buena parte de su trayectoria reciente.

 Patricia Calero (Valencia, Venezuela, 1985) is a multidisciplinary artist whose work explores the interplay of movement, time, space, and perception. Self-taught, her practice engages the legacy of Venezuelan kinetic art and contemporary geometric abstraction, in dialogue with figures such as Carlos Cruz-Diez and Jesús Soto. Drawing as well from Japanese aesthetics and philosophy, Calero incorporates textile materials and principles to create compositions that shift through rhythm, repetition, and color, producing subtle transformations of light and shadow as the viewer moves. Her work has been presented in exhibitions and international art fairs, particularly in the United States, where much of her recent career has developed.


* Este texto fue escrito originalmente para la exposición del mismo nombre presentada en el Miami International Fine Arts (MIFA), en Miami, del 11 de juno al 30 de julio de 2026.
* This text was originally written for the exhibit of the same name held in Miami International Fine Arts (MIFA), Miami, from June 11 to July 30, 2026.

12 de junio de 2026

Mayra Alpízar. Textile. Intimate Matter


Mayra Alpízar

La exposición «Mayra Alpízar. Textile, Intimate Matter» propone una revisión antológica de la obra de la artista cubana nacida en Matanzas en 1956, basada en un conjunto de piezas realizadas entre 1990 y 2024. Esta aproximación permite trazar un recorrido sostenido de su trabajo a través de algunas de sus series más significativas —Eva sobre el tapiz, Hilando fino, Si Aristóteles hubiera guisado y Paños grises—, en las que se despliegan los principales ejes de su creación. A este conjunto se suman dos piezas tridimensionales y la obra Avío de pesca, de carácter procesual.

Para Alpízar, coser ha sido una forma de sentir y pensar el vivir. Desde que el textil se perfiló como su modo de expresión, su trabajo se ha desarrollado como una suerte de registro visual en el que lo afectivo y lo social se entrelazan. En este sentido, el uso del textil no constituyó para ella solo una elección técnica, sino una posición estética y conceptual. La costura, asociada tradicionalmente al ámbito doméstico y a lo femenino, es retomada por la artista como un campo de significación que le permite relatar y reelaborar sus vivencias como mujer, madre, amiga, cubana y migrante. Su obra se orienta así hacia una dimensión en la que la mirada crítica acoge formas poéticas de elaborar la experiencia.

En este contexto, el cuerpo femenino emerge como elemento protagónico. En las obras de la serie Eva sobre el tapizTres meses de gracia, Altar o Los amantes, entre otras—, la figura de Eva funciona como una representación arquetípica de lo femenino. En un juego semántico con la expresión «poner las cartas sobre la mesa», entendida como gesto de revelación, Alpízar expone emociones, vínculos y estados interiores a través de composiciones que abordan lo universal desde lo autobiográfico. Aquí, la mujer no es idealizada, sino presentada como una figura atravesada por tensiones y contradicciones: el deseo, la vulnerabilidad, la violencia, la resiliencia. Las obras de esta serie evidencian la complejidad del ser femenino más allá de los estereotipos, situando el cuerpo en una zona de fricción donde el amor y el desamor, lo erótico y lo sagrado, lo íntimo y lo social, se entrecruzan de manera persistente.

En la serie Hilando fino, la artista se desplaza hacia un ámbito más abierto y crítico, al abordar las tensiones del entorno social de su país natal. El título remite tanto a la necesidad de proceder con sutileza en contextos restrictivos, como a la precisión inherente al trabajo textil. En obras como Interior con naufragio, La demasiada luz y La Virgen del árbol seco, Alpízar se vale de la apropiación de temas y referencias de la historia del arte —tanto universal como local— para articular una reflexión sobre el fracaso del modelo político en Cuba y su correlato en el resquebrajamiento del tejido social y familiar.

La obra de Alpízar se expande hacia una reflexión crítica sobre los modos en que es percibido el trabajo del hogar en la serie Si Aristóteles hubiera guisado, inspirada en la célebre frase de Sor Juana Inés de la Cruz. Aquí, la artista abandona el formato tradicional del tapiz para experimentar con la configuración de delantales, un objeto textil asociado a la preparación de alimentos en el ámbito doméstico. El delantal se convierte en un soporte simbólico desde el cual explorar emociones, relatos y vivencias vinculadas a la vida cotidiana de las mujeres. Remiendos, cortes, broches y bolsillos configuran un lenguaje en el que el quehacer doméstico se afirma como un espacio legítimo de producción de sentido.

La experiencia cubana, particularmente las fracturas provocadas por la crisis de los años noventa, se hace especialmente visible en la serie Paños grises, donde la artista construye imágenes marcadas por la inestabilidad. A través de escenas organizadas como secuencias narrativas, Alpízar dispone estructuras precarias, espacios indeterminados y cuerpos que parecen sostenerse en un equilibrio frágil. El taburete, en constante riesgo de caer, y las figuras femeninas en estados de tensión o vulnerabilidad, funcionan como alegorías de la crisis y de la fragilidad de la vida que esta arrastra. En este mismo horizonte, la pieza tridimensional Yurisleydis puede inscribirse como una figura que condensa esa misma experiencia de precariedad.

En este recorrido, cada puntada y cada fragmento de tela dan cuenta de un proceso creativo que, como la memoria, se construye desde la discontinuidad, a partir de restos, huellas y vínculos entrañables. La costura se afirma: coser es unir, pero también es remendar, insistir en la posibilidad de articular sentido allí donde la experiencia aparece fragmentada.

Obras presentadas









Tres meses de gracia, 1990. Patchwork, bordado y rotulador. 300 × 500 cm.

Este políptico fue concebido como el diario visual de una relación afectiva que duró trece semanas. Cada una de las hileras articula una secuencia de días y noches que evocan la intensidad de esa experiencia. Los fragmentos bordados con imágenes de inspiración pop se transforman en signos que narran los pequeños sucesos y estados de ánimo que marcaron cada uno de aquellos días. En algunos segmentos, las imágenes pasan a ser versos de Rabindranath Tagore; en otros, el plano vacío opera como un signo en sí mismo. 




Altar, 1995. Patchwork y bordado. 159 x 110 cm

En Altar, el erotismo y lo sagrado se entrelazan. La composición dialoga con la obra El origen del mundo (1866) de Gustave Courbet, en la que el sexo femenino adquiere un papel protagónico. Aquí, esa imagen se integra a un tabernáculo ceremonial, reafirmando la dimensión sagrada del origen de la vida a través de la fecundación y el nacimiento. Las velas bordadas —a la vez votivas y sugestivamente fálicas— refuerzan la tensión entre lo espiritual y lo corporal.




Composición en triángulo, 1996. Patchwork y bordado. 185 x 90 cm

Aquí se aborda la complejidad de un triángulo amoroso. En un paisaje metafísico tomado de De Chirico, tres figuras conforman una composición marcada por la dualidad. Mientras una de las figuras masculinas resalta por su luminosidad, la otra aparece como una presencia oscura que se confunde con el paisaje. La artista alude así a la coexistencia de distintas cualidades del deseo y el afecto. Estas emociones contradictorias desafían los ideales de pureza o simplicidad tradicionalmente asociados al amor femenino.




Los amantes, 2000. Patchwork y bordado. 201 x 90 cm.

Alpízar establece en este tapiz un paralelismo entre la historia de Akenatón y Nefertiti, la célebre pareja del antiguo Egipto, y una relación contemporánea marcada por la incomprensión y la adversidad. La escena, enmarcada por columnas y el Ankh —símbolo de la vida y de la unión de lo masculino y lo femenino—, presenta a los amantes con los torsos desnudos, exponiendo toda su vulnerabilidad. La obra sugiere así la persistencia del amor y sus divergencias como sentimiento universal y atemporal. 




Aplausos, 2010. Bordado a mano. 164 x 81 cm.

Esta obra, delicadamente ejecutada con un bordado dibujístico de hilo negro, representa a una mujer desnuda frente al público, sobre un escenario. La figura esconde tras su cuerpo un cerebro en un gesto que evoca —y a la vez subvierte— el tradicional ramo de flores ofrecido a las actrices. El desnudo acentúa la idea de fragilidad mientras sugiere, con un tono sutilmente humorístico, el subterfugio que la blinda contra los prejuicios sociales asociados a la inteligencia femenina.






Mandorla, 2018. Patchwork, bordado y aplicaciones. 143 x 100 cm. 

En esta obra se reinterpreta la mandorla —aureola que, en la tradición medieval, rodea a figuras sagradas— desde una sensibilidad contemporánea. En lugar de Cristo, Alpízar sitúa el cuerpo de una mujer en una actitud expansiva y jubilosa, rodeada de puntos luminosos y motivos vegetales. Sin abandonar su ambigüedad simbólica, la pieza propone una imagen de libertad, afirmando el vínculo entre la naturaleza y la potencia generadora del cuerpo femenino.





Interior con naufragio, 2000. Patchwork y bordado. 191 x 103 cm.

El título de esta pieza alude al cuadro Interior con columnas de Amelia Peláez, mientras que la escena central se apropia de la célebre Ola de Hokusai, desplazando su sentido hacia el naufragio que en ella acontece. La imagen, enmarcada por una reja colonial, sugiere el espacio doméstico e introduce una tensión entre el interior y el exterior, entre la quietud de lo íntimo y lo exterior  incontrolable. El tapiz evoca las fracturas, pérdidas y desplazamientos de la Cuba contemporánea, así como los modos en que esa experiencia colectiva impacta a los individuos y a las familias.




La demasiada luz, 2003. Patchwork y bordado. 140 x 89 cm.

Esta pieza es un homenaje a la artista cubana Antonia Eiriz, cuya práctica expresionista y crítica marcó profundamente el arte de su país. La composición, de carácter inquietante, presenta una figura central expuesta y vulnerable, rodeada de imágenes fragmentarias que remiten al intenso universo visual de su obra. El título, tomado de un verso de Eliseo Diego, alude a una luz reveladora, a la mirada lúcida y penetrante de Eiriz sobre su realidad social y existencial.




La Virgen del árbol seco, 2004. Patchwork y bordado. 133 x 88 cm.

La apropiación de la pieza del mismo nombre realizada por Petrus Christus, artista del gótico flamenco, dio origen a esta obra. Alpízar reemplaza a la virgen original por la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, inscribiéndola en un entorno de ramas secas que adquieren intensidad simbólica. La artista señala que «Cuba es un árbol seco que ya no da frutos», sugiriendo así una reflexión sobre la fe, la pérdida y la esperanza en un contexto marcado por el profundo drama social de su país.





Memoria, 2005. Costura y aplicaciones de objetos personales. 70 × 50 cm aprox.

Concebida como un contenedor de recuerdos, este delantal reúne pequeños objetos y rastros afectivos de gran valor emocional para la artista. Cada compartimento es un reservorio íntimo donde la memoria se guarda con cuidado. El tejido traslúcido agrega una cualidad borrosa y frágil que alude al recuerdo. La pieza habla de la memoria como un archivo afectivo especialmente significativo en contextos de desplazamiento y migración.




En celo, 2005. Broches de presión sobre tejido de pana.70 × 50 cm aprox.

Alpízar construye una imagen de fuerte carga simbólica a partir de un patrón de broches de presión dispuestos en espiral. La composición remite al chakra Swadhisthana, asociado a la sexualidad y situado en la zona baja del abdomen, y evoca la energía vital vinculada al deseo y la fecundidad. Mediante un lenguaje aparentemente abstracto, el uso exclusivo de la parte hembra del broche introduce una lectura sutil pero directa sobre la sexualidad y la receptividad del cuerpo femenino.





¡Unos cuantos piquetitos!, 2005. Patchwork y cortes de navaja. 70 × 50 cm aprox.

En esta obra se aborda la violencia doméstica a partir de la imagen frontal del cuerpo femenino, intervenida con cortes que atraviesan la superficie textil. Realizados sobre un trabajo cuidadosamente elaborado, estos gestos violentos irrumpen en la pieza, convirtiendo el daño en parte constitutiva de la imagen. El título, tomado de una obra de Frida Kahlo, introduce una dimensión perturbadora que subraya la normalización del abuso y construye una metáfora contundente sobre la violencia ejercida sobre el cuerpo. 




Avío de pesca, 2004–2012. Ensamblaje de ajustadores usados por amigas y vecinas. 220 × 180 cm aprox.

Avío de pesca fue realizada a partir de un proceso previo de recolección que resulta fundamental para su sentido. La artista reunió sujetadores usados de amigas y vecinas, activando una red de intercambios donde la confianza, la intimidad y la cooperación se convirtieron en materia de trabajo. El ensamblaje configura una trama que evoca, con humor e ironía, una red de pescar, estableciéndose como un dispositivo colectivo donde la precariedad material se entrelaza con formas de solidaridad cotidiana.




Yurisleydis, 2005. Telas cosidas y relleno de guata. Tamaño natural.

Desde su título, esta figura remite al contexto cubano de los años noventa —el «Período Especial»— cuando proliferaron nombres inventados a la par de una marcada precariedad.  La obra alude a las duras condiciones de vida que empujaron a muchas mujeres a enfrentar decisiones extremas para sobrevivir. Hecha con materiales disponibles y costuras toscas, la figura enfatiza la indefensión y el desamparo. Su desnudez expone un cuerpo vulnerable, atravesado por un contexto social extremo.





Alfiletero, 2002. Telas cosidas y relleno. 30 × 20 × 15 cm.

El alfiletero, un objeto propio de las labores de costura, es resignificado por Alpízar como una forma cargada de sentido. Concebido utilitariamente «para recibir pinchazos», el alfiletero se convierte aquí en una metáfora de las dinámicas de agresión normalizadas. Resuelto como un torso —tema clásico de la escultura— y atravesado por múltiples alfileres, el volumen articula una tensión entre funcionalidad e imagen corporal, sugiriendo una reflexión sobre las formas sutiles de violencia ejercidas incluso dentro de lo cotidiano.


Nike, 2024. Patchwork y bordado. 96.5 × 63.5 cm.

The Noise (El ruido), 2024. Patchwork y bordado. 96.5 × 63.5 cm.

Amazon (Amazona), 2024. Patchwork y bordado. 96.5 × 63.5 cm. 

Estas obras recientes forman parte de la serie Paños grises, en la que Alpízar aborda las fracturas provocadas por la crisis cubana de los años noventa. Concebidas como una secuencia narrativa, las piezas articulan distintas escenas de desplazamiento y pérdida, donde el cuerpo femenino aparece sobre estructuras inestables dispuestas en un espacio indeterminado. En Niké, la figura, tensionada entre impulso y sujeción, encarna una experiencia de desarraigo y separación; en El ruido se insinúa el inicio del quiebre, cuando la estabilidad social comienza a resquebrajarse; en Amazona, el cuerpo femenino alude a estrategias de supervivencia atravesadas por la vulnerabilidad.


Katherine Chacón

Texto curatorial y textos de sala de la muestra «Mayra Alpízar. Textil, materia íntima», realizada del 11 de junio al 30 de julio de 2026 en la sala C del Miami International Fine Arts (MIFA), Miami.